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La única estrella

Ser hijo único es, muchas veces, vivir en una isla con una sola estrella: mi mamá. Ella fue mi mundo. Mi compañera, mi risa, mi calma y mi aventura. Cuando pienso en mi infancia, en mi vida entera, la veo a ella en el centro de todo. Porque fuimos solo ella y yo. Nadie más.

Y cuando ella se fue, el mundo se me achicó de golpe. No porque no tenga a alguien a mi lado. Tengo pareja, tengo amigos... pero no tengo con quién compartir esa historia íntima que solo se vivió entre mamá y yo. No tengo a quién decirle: “¿te acuerdas cuando mamá...?”, ni a quién preguntarle si realmente ocurrió eso que tengo medio borroso en la memoria. No tengo a alguien que la haya amado desde el mismo lugar que yo.

Ser hijo único es hermoso, sí. Es tener un amor exclusivo, una atención que forma el alma. Pero también es, a veces, una soledad muy grande. Porque cuando se va esa persona que fue “todo”, el silencio pesa más. Porque nadie más la conoció como yo. Porque nadie más sabe cómo le brillaban los ojos cuando inventábamos planes de último minuto, o cómo me decía “mi vida” como si yo lo fuera todo para ella.

No cambio por nada del mundo haber sido su hija. Ella me dio una vida llena de amor, de confianza, de aventuras compartidas. Pero sí duele, hoy, no tener con quién llorarla, con quién recordarla, con quién seguirla viviendo en los detalles.

A veces sueño con haber tenido un hermano o una hermana. No por compañía constante, sino por tener un espejo en quien ver parte de ella. Por poder decir “¿te acuerdas cuando mamá hacía esto?” y que alguien me responda “sí, yo también lo sentí así”.

La soledad del hijo único no es constante, pero cuando llega, se siente distinta. Es una mezcla de orgullo por el amor recibido y de nostalgia por lo que nunca se compartió con otro.

Y hoy, más que nunca, me doy cuenta: fui afortunada, inmensamente afortunada de tenerla. Pero también, profundamente sola sin ella. Te amo mamá y espero nunca olvidar esos momentos que vivimos juntas, pero por que no me diste una hermano o hermana para seguir riendo de tus locuras cuando de la nada te ponías a bailar o cuando en el auto cantabas canciones en donde inventabas la mitad de estas por que dios eras muy mala aprendiendo las letras de las canciones wjaajjaja



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