Piensenlo bien.
Hace un tiempo, una colega que llevaba 7 años casada comenzó a mencionar que estaba aburrida del matrimonio, que le cargaba la monotonía, que sentía que se le iba la juventud, que el esposo era fome y esas típicas cosas que se dicen para justificar una infidelidad. Con otras compañeras de trabajo le aconsejamos hablar con su esposo, tratar de salvar el matrimonio y decirle lo que sentía, pero adivinen... lo engañó dos veces.
Hace poco el esposo la pilló y ahí anda ahora llorando, el esposo se fue de la casa y le pidió el divorcio.
No es que me alegre, pero ella se lo buscó.
Gente, piensen bien antes de ser infiel y no hagan lo que no les gustaría que les hicieran a ustedes.
