No vivan para trabajar.
Me tocó ser la hija de una mujer obsesiva con su trabajo. De esas personas que poco más les falta la cama en su pega para vivir ahí. De los años que pasaron nunca pidió licencia o permiso, siempre llegaba media hora antes y se iba unas horas después de su horario de salida (sin ganar horas extras).
Viví toda mi adolescencia con este tema, ahora que soy adulta hago retrospección de todas las veces en que me resigne ante esta situación. Ella se perdió muchos momentos importantes en mi vida que no volverán, muchas veces la necesite o quería su consejo pero no accedía a ella porque llegaba tan agotada a casa que prefería que descansara y lo dejaba todo para “otro día”.
A veces discutíamos porque le pedía más tiempo para su familia, no sé, lo básico que era hablar de otro tema que no fuera pega pero no, no podía, defendía muy bien su postura así que nunca pude ir en contra de eso.
Mi mamá se puso así después de la separación con mi padre, al final utilizó su trabajo como refugio para mantener su mente ocupada pero sin poder poner limites. En algunos momentos pensaba en ella y me daba la impresión que ahí era más feliz que en su casa y en ese sentido prefería que fuera feliz y no le decía nada.
Paso el tiempo y le llegó la edad de jubilación (60 años) estaba respaldada con un decreto que le permitía seguir trabajando pese a estar pensionada (ella feliz obvio) Pero como en todo trabajo solo somos un número que es usado mientras sirva bien, se estruje y llegue el momento de desechar, le ofrecieron el retiro, claramente ella no acepto y quiso continuar a como de lugar.
Pero como pasa con el ser humano (porque maquinas no somos) los años de full pega pasan la cuenta tarde o temprano, ella ya no tenía la misma energía, sus rodillas comenzaron a doler por tantos años de pie sin descanso. La memoria se volvió mas frágil y el uso de la tecnología le contrajo inseguridad ante su oficio. Así que le ofrecieron un cambio de funciones (dentro de lo legal de su contrato) ella temerosa por el cambio pero acepto. Rapidito llegó su reemplazo, alguien con estudios y más joven claro.
Mi mamá sufrió mucho con su cambio claramente, no pensó que le harían eso después de tantos años sirviendo a sus superiores, pero así pasa y es la realidad de muchas personas adultas que llegan a una cierta edad en donde las ven como si ya no sirvieran.
A los 65 años mi madre falleció por complicaciones en su salud, enfermedades propias del estrés, mal descanso y mala alimentación producto de su adición al trabajo (a veces ni siquiera se tomaba su hora de almuerzo). El mismísimo tiempo la alcanzo y no pudo ir en contra de eso…
Hoy en día pocos la recuerdan por su labor, no se detuvo el mundo ni hicieron un día feriado en su nombre. Ella y como muchos solo pasamos a ser un número reemplazable por la bendita “necesidad de la empresa”.
Solo les puedo decir que no vivan para trabajar, trabajen para vivir. Hay vida después de ese horario laboral, gente que espera con ansias tu llegada, hasta una pequeña conversación con tus hij@s, niet@s, amig@s, puede hacer la diferencia.
