Siempre me han dicho que hay que 'dejar ir'.
Pero, ¿cómo se hace eso? Especialmente cuando se trata de alguien como mi nieta.
Cada tarde, nos sentábamos en el banco de la plaza. Ella, con sus ojitos brillantes y su risa contagiosa, llenaba mis días de alegría. Pero la vida, cruel a veces, se la llevó demasiado pronto.
Al principio, el banco era un lugar de dolor. Cada hoja que caía, cada brisa que soplaba, me recordaba su ausencia. La gente me decía que tenía que seguir adelante, que la olvidara. Pero, ¿cómo podía olvidar a la luz de mi vida?
Un día, una señora me dijo algo que me hizo reflexionar. 'No necesitas dejarla ir, quédate con ella', me dijo. Y tenía razón. Podía seguir adelante sin ella físicamente, pero sus recuerdos, su amor, siempre serían parte de mí.
Empecé a escribir en un cuaderno. Cada tarde, anotaba una nueva historia sobre Laura. Sus travesuras, sus sueños, todo lo que me hacía sonreír. Al escribir, sentía que la tenía cerca, que su espíritu seguía conmigo
Soltar no es olvidar, me di cuenta. Es aceptar que ya no está aquí, pero mantenerla viva en mi corazón. Es como plantar una semilla de amor que sigue creciendo, incluso cuando la persona ya no está.
El banco de la plaza sigue siendo mi lugar favorito. Pero ahora, en lugar de sentir tristeza, siento una profunda paz. Porque sé que Laura, aunque no esté físicamente conmigo, siempre será parte de mí. Y eso es algo que nadie me puede quitar.
