Pobres las esposas.
Somos dos mujeres en la faena.
Arrendamos una cabaña acá y debo confesar que los hombres de la jefatura son tan cochinos.
Toman desayuno y once, no limpian, no lavan la loza, no sacan la miga, no limpian la encimera, no barren y para qué decir el baño. Todos son wns casados, pobres de sus esposas.
