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No necesitamos ser salvados

Me resulta asombroso cómo muchos de nosotros no logramos percibir la naturaleza a menudo perversa de los gobiernos actuales. Nos enfrentamos a que, en lugar de protegernos efectiva y justamente de los delincuentes, operan bajo un manto de leyes que no siempre mejoran la justicia ni velan por la seguridad de nuestras fronteras.

En este contexto de control y regulación, surge una nueva propuesta que ha captado la atención de todos: la restricción del uso de redes sociales para menores de 14 años. Sin entrar en el debate sobre si el acceso a estas plataformas es perjudicial para nuestros menores, mi principal preocupación radica en quién debe tomar esta decisión.

Debería quedar claro que no es el rol del gobierno el dictaminar cómo los padres deben cuidar o criar a sus hijos. Resulta alarmante observar este patrón repetitivo de gobiernos que se consideran superiores, asumiendo una autoridad paternalista sobre sus ciudadanos, dictaminando lo que es bueno o malo para nosotros. ¿Y qué hay de aquellos niños que ya están bajo la tutela amorosa y responsable de sus padres o tutores? Son ellos quienes conocen mejor a sus hijos y deben ser ellos quienes tomen decisiones tan importantes sobre su bienestar.

Es preocupante que el debate se haya desplazado a si las redes sociales son positivas o negativas, mientras dejamos de lado el punto fundamental: la autonomía de crianza. En hogares donde existen padres o tutores responsables, nunca debería ser el gobierno quienes impongan leyes sobre aspectos tan íntimos de la vida familiar.

La conversación más urgente y necesaria aquí debe centrarse en salvaguardar nuestro derecho a decidir cómo educamos a nuestros hijos. No podemos permitir que el ruido distraiga la atención del tema crucial: la importancia de proteger nuestra autonomía familiar de los excesos gubernamentales.

Les hago un llamado a todos para que reflexionemos sobre esta propuesta y defendamos el derecho de las familias a determinar lo mejor para sus hijos, sin la indebida interferencia de los que se creen 'iluminados'.



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