Todo por ti mamá.
Desde muy niña siempre supe que quería ser médico.
Crecí en un barrio muy probre, en una región del norte, donde la escasez era parte de nuestra vida diaria, pero en mi casa siempre nos inculcaron la importancia de la educación, pese que mis padres ni si quiera habían terminado el colegio. Recuerdo las noches estudiando bajo una vela muchas veces, con los libros viejos que mi madre me conseguía de la casa donde trabajaba y yo me esforzaba para tener buenas notas en la escuela y así fue.
La universidad parecía un sueño lejano, muchos me decían que estudiar era para ricos, que nosotros los pobres debemos conformarnos, porque no hay oportunidad, pero un día me matricule en la universidad y quise desafiar el destino ¡Qué desafío fue compaginar el trabajo y los estudios! Trabajaba como mesera por las noches para poder pagar los gastos, pero nunca faltaba a clases.
Justo antes de un examen final, mi madre enfermó gravemente. Fue un golpe muy duro, pero sabía que tenía que ser fuerte por ella. Presenté el examen con el corazón roto, convencida de haber fracasado. Cuando vi los resultados y me di cuenta de que había obtenido la nota más alta, sentí una mezcla de alegría y tristeza.
Mi madre falleció poco después. Fue la pérdida más grande de mi vida, pero su recuerdo me impulsó a seguir adelante. Me gradué como médico y volví a mi barrio para abrir una pequeña consulta. Cada día, al atender a mis pacientes, siento que estoy cumpliendo el sueño de mi madre y ayudando a mi comunidad.
La vida no ha sido fácil, pero cada obstáculo me ha hecho más fuerte. Hoy, puedo decir con orgullo que logré todo lo que me propuse.
Cree en ti mismo, en tu capacidad de lograr grandes cosas. El mundo está lleno de oportunidades para aquellos que se atreven a soñar en grande.
