No puedo fingir que estoy bien.
Me levanto cada mañana con un dolor que parece no tener fin. Mi cuerpo está cubierto de puntos sensibles que me hacen sentir como si estuviera caminando sobre cristales rotos. Esto es lo que se siente al tener fibromialgia.
He intentado mantener mi vida laboral lo más normal posible, pero es cada vez más difícil. Los días en que el dolor es insoportable, me veo obligada a llamarme enferma y quedarme en casa. Pero incluso cuando estoy en el trabajo, el dolor y la fatiga me acompañan constantemente.
Recuerdo un día en que estaba en una reunión importante y de repente me sentí como si estuviera desmayándome. Me disculpé y salí de la sala, pero mi jefe me miró con desconfianza. "¿Estás bien?", me preguntó. "Sí, solo necesito un momento" le respondí. Pero sabía que no me creía.
La gente no entiende la fibromialgia. Piensan que es solo una excusa para no trabajar o para no hacer cosas. Pero no es así. Es un dolor crónico que no se va, que no tiene cura.
He intentado explicarle a mi pareja cómo me siento, pero no lo entiende. Me dice que debo "superar" el dolor, que debo "ser más fuerte". Pero no entiende que el dolor es una parte de mí, que es algo que debo vivir cada día.
He llegado a la conclusión de que mi vida no es compatible con el mundo laboral. No puedo seguir trabajando en un entorno que no entiende mi condición. No puedo seguir fingiendo que estoy bien cuando no lo estoy.
Así que he decidido dejar mi trabajo y buscar una nueva forma de vivir. No sé qué va a pasar en el futuro, pero sé que debo hacer algo para mejorar mi calidad de vida.
La fibromialgia no me va a definir, pero sí me va a enseñar a vivir de una manera diferente.
