Cuidense, a todos nos puede pasar.
Recuerdo a un compañero de trabajo que tenía una energía contagiosa. Siempre estaba dispuesto a tomar un trago después del trabajo, pero nunca permitió que su afición por la bebida afectara su desempeño laboral. Era chistoso, amable y siempre estaba dispuesto a echar una mano.
Después de un par de años sin verlo, recibí un mensaje de una amiga que me dejó sin aliento. Me contó que mi compañero había fallecido. La causa: insuficiencia hepática. Me quedé conmocionado. ¿Cómo era posible que alguien tan joven y lleno de vida se fuera de repente?
Me contaron que había estado bien, que no había mostrado señales de debilidad, pero que un día se fue a acostar y al otro amaneció muerto. Me sentí como si me hubieran dado un golpe en el estómago. ¿Por qué no me di cuenta de que algo estaba mal? ¿Por qué no pude hacer nada para evitarlo?
Aún hoy, me siento conmocionado. Me doy cuenta de que la vida es frágil y que podemos irnos en cualquier momento. Me he dado cuenta de que debo valorar más a las personas que tengo a mi alrededor y no dar nada por sentado.
Así que, si alguien lee esto, por favor, mídense con el copete. La vida es corta y no sabemos qué nos depara el futuro. ¡Valorémosla y valorémoslos a ellos!
