A todos nos puede pasar.
El otro día leí una historia de una cita de adolescencia y me acorde de la mía...
Había un chico que me encantaba y salimos un par de veces, hablábamos todo el día. Un día mientras íbamos caminando salió un perro a ladrar a través de la reja y fue muy sorpresivo, tan sorpresivo que a mi acompañante se le salió un peo.
El se puso rojo y yo me hice la loca, caminamos un poco más y me dijo que se tenía que ir. Le debe haber dado mucha vergüenza porque nunca más me habló.
