No cabe poh
Hoy quiero contarles una historia que me pasó en el trabajo hace unos meses. Yo trabajo en una empresa de marketing, y uno de mis deberes es coordinar las entregas de material promocional para eventos. Es una tarea que suena sencilla, pero a veces las cosas no salen como uno espera.
Un día, teníamos que entregar unos banners gigantes para un evento importante en el centro de Santiago. Todo estaba listo: los banners estaban en la imprenta, el camión estaba reservado, y yo tenía la lista de direcciones y horarios claros. Todo parecía ir sobre ruedas.
El problema comenzó cuando el camión llegó a la imprenta para cargar los banners. Resulta que los banners eran más grandes de lo que habíamos previsto, y no cabían en el camión. Yo estaba en la oficina, y cuando me llamaron para informarme del problema, me puse como una fiera. "¡Pero cómo no caben! ¡Son solo unos banners!" pensé.
Después de un par de llamadas desesperadas, encontramos un camión más grande que podía llegar a tiempo. Todo parecía estar resuelto, pero entonces me di cuenta de que había un pequeño detalle que no habíamos considerado: el camión más grande no podía entrar en el estacionamiento del edificio donde estaba el evento.
En ese momento, me sentí como si estuviera en un capítulo de "Los Simpsons". El camión estaba ahí, los banners estaban ahí, pero no podíamos bajarlos. Entonces, se nos ocurrió una idea loca: bajar los banners por la ventana del segundo piso del edificio, donde estaba el salón del evento.
Así que ahí estábamos, un grupo de colegas y yo, con una cuerda y un montón de nervios, intentando bajar los banners gigantes por la ventana. Todo parecía ir bien hasta que uno de los banners se enredó en un árbol que estaba justo al lado del edificio. Fue un momento de verdadera comedia: el banner colgando del árbol, el camión esperando abajo, y nosotros mirándonos con cara de "¿qué hacemos ahora?".
Finalmente, con un poco de ingenio y mucha paciencia, logramos desenredar el banner y bajarlo sin más contratiempos. El evento salió perfecto, y cuando terminó, todos nos reímos de la situación.
A veces, en el trabajo, las cosas no salen como uno planea, pero lo importante es que, al final, siempre hay una buena historia que contar.
