Y yo ?
Tengo tres hijos, todos diferentes y únicos a su manera.
No es fácil criar a tres personalidades tan distintas, pero si alguien puede con eso, soy yo. Al fin y al cabo, soy buena en muchas cosas... lástima que los hombres con los que me cruzo no lo ven así. Cada trabajo que tengo termina de la misma manera: primero admiran mi entrega, y luego todo se convierte en un juego personal. ¿Y qué culpa tengo de que no puedan resistirse? Pero claro, una vez que la relación se mezcla, la seriedad desaparece y yo termino teniendo que buscar otro lugar donde me valoren, como mujer.
Aún así, no me quejo. Las pensiones de alimentos que recibo –que me gané, eso está claro– junto con los trabajos esporádicos, me permiten mantener a mis hijos sin preocupaciones. Pero ahora hay un problema en el horizonte: Mi hijo mayor está por cumplir 18.
Claro, se quiere ir a “encontrarse a sí mismo” viajando, y su papá, por supuesto, le cubrirá todos los gastos. ¿Y yo? ¿Es que acaso no entienden que el dinero ya no pasa por mis manos? Me siento traicionada. Después de todos los años que él dedicó, ¿ahora todo ese apoyo simplemente se desvanece? No, no me parece justo.
