Asi simplemente, acepto mi lugar.
Tengo una relacion con un tipo casado hace muchos años, puertas afuera y con las cosas claras, yo soy la otra, no me molesta y ese es mi lugar, LA OTRA.
No imaginé que algo así pudiera pasar. Me gustaba la dinámica que teníamos, esos encuentros en lugares donde el mundo parecía detenerse por un rato. Él, siempre tan orgulloso, tan seguro de que todo estaba bajo control, nunca pensó que su mujer lo descubriría.
De pronto, me llama, me dice que está en un hotel y que necesita quedarse unos días en mi casa. Y, aunque suene frío, la verdad es que no me interesa meterlo aquí. Este arreglo funcionaba bien porque era casual, una burbuja que podía desvanecerse en cualquier momento, sin la carga de las tareas cotidianas que él parece dar por sentados. ¿Cocinarle? ¿Lavarle? No, gracias. Yo tengo mi vida y me gusta así: ordenada, tranquila y solo mía.
Ahora, me escribe y me llama, casi suplicando. Pero ser la otra no significa que esté dispuesta a ser su refugio de tiempo completo. No es egoísmo, es saber lo que quiero. Y si él está tan acostumbrado a controlarlo todo, bien podría aprender a valerse por sí mismo ahora.
Lo laboral, es mi proveedor y me da muy buenos precios en materias primas...pero asi como el hay mas proveedores. Eso.
