No es sano para los hijos.
Esta confesión no tiene mucho de laboral, pero en algún momento llegaré a eso.
Leí la historia de una chica con un marido que se alcoholiza una vez a la semana, se pone violento pero no lo deja por varios motivos de dependencia.
Mi historia se asemeja porque fui la hija de un alcohólico, lo sigo siendo, pero él ya no bebe. Mi infancia fue fea, no recibí nunca algún daño físico (al menos que yo recuerde y no haya bloqueado), pero sí fui testigo del daño físico, sexual y psicológico que recibía mi mamá. Mi refugio fueron los libros, estudiar mucho, meterme en mundos de fantasía en mi cabeza esperando ser adulta e independizarme
Hoy soy profesional, vivo lejos de ellos aunque sigo en contacto, me va muy bien laboralmente hablando, tengo mi pequeña familia, mis cosas, me doy mis gustos, no dependo de nadie en ningún sentido.
Pero estoy rota.
Puedo tenerlo todo, el amor de mi hijo, la admiración de compañeros, orgullo por lo que he logrado, pero el dolor subsiste a todo.
Hace poco me diagnosticaron estrés postraumático, tengo terrores nocturnos, no duermo, no como, estoy en piloto automático. Desde los 8 voy a terapia, de todas las que se puedan imaginar.
Pero el dolor persiste. Siento que me vuelvo loca porque con mis problemas para dormir empiezo a alucinar y veo cosas que no existen.
Y sí, yo solo fui la hija, fui la testigo de la violencia, y por mucho que uno se esfuerce y luche por ser mejor persona, el daño persistirá.
Jamás permitan que sus hijos vean, escuchen o sientan la violencia. Nunca los vulneren de esa forma, porque crecerán, pero ese niño asustado se les aparecerá a ellos mismos por siempre.
