No he querido tirar licencia.
En julio de este año, mi madre comenzó con dolores abdominales, que la llevaron a no poder levantarse de la cama, tener alucinaciones e incluso olvidar quienes éramos. Pasamos de la preocupación de una bacteria estomacal a un cáncer, estás complicaciones hoy la tienen postrada.
Soy profe, tengo 32 años, amo mi trabajo y mis niños, pero estoy agotada, derrotada y con el dolor de ver sufrir a mi madre, que no le deseo a nadie. Si bien, en mi trabajo, han entendido la situación en que estoy, no he querido tirar licencia, para no arriesgar el trabajo, pero confieso que estoy a mal, en la pega de lunes a viernes y al cuidado de mi madre los fines de semana.
Han sido días complejos, y se vuelven peor, para aumentar mi pena, hace unos días le diagnosticaron cáncer a mi suegro también, lo que implica que la única persona que era mi respiro, mi calma y mi amor, ya no lo será más, porque vive su propio duelo.
