Me dijo que no era mio.
Hace 9 años tuve una relación que duró poco más de dos años y terminó de un momento a otro, sin un motivo claro.
Un par de semanas después, ella me cuenta que estaba embarazada y que yo era el padre, a lo que asumí inmediatamente ya que siempre quise ser papá. No de una persona con la que ya estaba separado, pero de igual forma me alegraba la idea. No soy una persona de recursos, trabajo en camiones dentro de Santiago y mi sueldo a lo mucho llega a los 700 mil pesos, pero haría lo posible para que a ese bebé nunca le faltara nada.
Pasaron un par de meses y en una fuerte discusión que tuvimos, ella me dice que yo no soy el padre, que se había enamorado de otra persona antes de que termináramos y que me había engañado en relación al embarazo.
En ese momento mi vida y mi sueño con ese pequeñito se hicieron añicos. Así que recogí la poca dignidad que me quedaba y no quise saber más de ella.
Todos me decían que hiciera algo, que la funara o le hiciera pasar un mal rato porque lo que me había hecho era terrible. La verdad es que nunca se me pasó por la cabeza vengarme o algo así. No creo en eso y no gasto energía en cosas que no valen la pena.
Pasaron los meses y ella siguió su vida y armó su familia con su pareja. Nació su bebé y antes de que ella cumpliera un año, recibo una llamada pidiéndome si nos podíamos juntar a conversar.
Honestamente no sé porqué lo hizo, hasta el día de hoy me lo pregunto, pero tampoco es algo en lo que quiera ahondar. Pero cuando me confesó que su niña era realmente mi hija, sentí un hormigueo intenso que me heló el cuerpo por completo y una sensación en los oídos como si me estuvieran hablando bajo el agua.
Le conté a mi familia y recibí de todo tipo de reacciones. Decidimos hacer un examen de ADN y con ello confirmar que efectivamente si soy el papá de mi niña. No se imaginan todos los trámites que tuvimos que hacer para impugnar la otra paternidad y que por fin se me reconociera a mí como padre y que además, llevara mi apellido.
Fue desgastante, si. Pero cada papel que tuve que firmar, comprar, fotocopiar y esperar ha valido la pena.
Hoy, llevo una vida tranquila y con la paternidad compartida. Nos llevamos bien con la mamá de mi hija a pesar de todo, incluso con su pareja que también quiere a mi niña como suya.
Mi mejor amiga dice que vivo en el límite entre ser una muy buena persona o muy w3ona.
Quién sabe? A lo mejor es cierto, pero soy feliz con mi pequeña. Ella me reconoce como su padre y es todo lo que me importa. Todo por ella vale la pena.
