Armonía de amor
Desde que entré a la empresa, todo fue un chiste. Mi jefe, un tipo con más cuentos que un libro de historia, prometía ascensos y bonos como si fueran cabritas. Mi compañero, un maestro del chamullo, decía que soportaba todo por su familia, pero lo pillé varias veces coqueteando con la secretaria. En casa, mi pareja y yo seguimos con ese falso teatro de 'perfecta armonía'. Pero, ¿sabes qué? Todo sigue igual, como un mal episodio de teleserie. La verdad es que, al final del día, nada cambia y nadie se salva, es lo que hay nomás.
