El precio de la venganza
La venganza es algo que nunca trae algo bueno. Pensar en devolvérsela a alguien que nos hizo daño en el pasado, especialmente si ese alguien era un compañero de liceo que nos hizo bullying, es un error que solo alarga el sufrimiento y no trae paz. Es importante recordar que esas personas, cuando eran adolescentes, muchas veces actuaban sin pensar bien en sus acciones. A esa edad, uno no tiene una conciencia completa de lo que está bien o mal, y se deja llevar por las circunstancias, la presión social o simplemente la inmadurez.
Al crecer, uno espera madurar y aprender a manejar mejor las emociones. Buscar venganza contra alguien que nos dañó cuando ambos éramos adolescentes es rebajar nuestra madurez y quedar atrapado en el pasado. Quién quiere reparar algo usando venganza, está olvidando que ahora es una persona adulta, consciente y capaz de tomar decisiones sabias y empáticas.
Muchos de nuestros ex-compañeros probablemente ya hayan cambiado, se hayan arrepentido y hasta puedan estar dispuestos a pedir disculpas por sus errores de juventud. La vida se trata de aprender y crecer, y aferrarse al resentimiento solo nos estanca.
Es más valioso y liberador dejar ir el rencor y optar por el perdón. No significa que aceptemos lo que pasó, sino que reconocemos que ya pasó y que no definirá nuestro presente ni futuro. El verdadero triunfo está en demostrar que hemos avanzado y que la sabiduría y el amor propio son más fuertes que cualquier herida del pasado.
