El viaje y el destino
Amigos, amigos, presten atención a estas palabras de un viejo soñador. Quiero compartir con ustedes una profunda verdad sobre la vida, el universo y todo lo demás.
La vida que llevamos, este remolino de experiencias por el que pasamos, es como una sucesión de Cauchy. Sí, sé que suena extraño, pero lo explicaré.
Cuando somos jóvenes, tendemos a tener esta idea de un objetivo final, un destino definitivo al que estamos destinados a llegar. Queremos el trabajo perfecto, la pareja ideal, la realización suprema. Nos enfocamos únicamente en esa 'Ithaca' lejana y luminosa.
Pero en nuestra carrera por alcanzarla, nos perdemos de algo mucho más valioso: el viaje mismo. Porque como el poeta Kaváfis escribió, es a través de los giros y retrasos, los desafíos y desvíos, que realmente crecemos y descubrimos quiénes somos.
Piensen en todos esos 'fracasos' y decepciones que hemos enfrentado hasta ahora. Las oportunidades perdidas, los corazones rotos, los sueños aplazados o proyectos abandonados. En ese momento, parecían grandes tragedias que nos alejaban de nuestras metas.
Pero en realidad, esos eran solo puntos en la vasta secuencia infinita que es nuestra existencia. Una sucesión de Cauchy que nunca llega a esa meta idealizada, pero que con cada paso se aproxima más y más hacia nuestro verdadero ser.
Cada rechazo laboral nos enseñó perseverancia. Cada ruptura amorosa nos mostró lo que realmente valoramos. Cada proyecto fallido nos dio lecciones invaluables sobre nosotros mismos. Eran pruebas, sí, pero también regalos disfrazados que nos moldearon.
Como dijo Kaváfis: 'Ithaca te regaló un hermoso viaje. Sin ella el camino no hubieras emprendido.' Nuestras Ithacas pueden ser esos sueños distantes que perseguimos, pero es el viaje mismo lo que define nuestras vidas.
Así que esta noche, celebremos esos momentos que pensamos que nos desviaban, cuando en realidad nos acercaban más a quiénes se suponía que debíamos ser. Bebamos por las rutas largas y tortuosas que nos forjaron en seres humanos más fuertes y compasivos.
La vida no es más que un viaje interminable, una sucesión infinita de etapas que nunca se detiene. Disfrutemos de cada paso, cada revés, cada enseñanza. Bailemos con los giros y retrasos, abracémoslos como viejos amigos.
Porque al final, cuando miremos hacia atrás en nuestros días finales, no nos arrepentiremos de los destinos no alcanzados. Más bien, celebraremos el increíble y hermoso viaje que emprendimos. Un viaje que nunca termina realmente, hasta que el último suspiro se convierta en el primero de una nueva sucesión infinita.
¡El viaje continúa!
