Orgullosa de mis papitos
Somos una familia grande, yo la menor, hija de padres campesinos. No tuvieron la oportunidad de estudiar porque en esos años te mandaban a trabajar en las labores de campo. Nuestra vida fue a punta de sacrificios, los mayores no estudiaron en la universidad, sólo los menores. Para salir a estudiar, me levantaba a las 5.30 am, horas esperando en un paradero con frío y lluvia, otras veces tuve que ir caminar 13 kms para llegar a casa y así, un sinfín de adversidades, pero logré lo que soñaba cuando era pequeña.
Llegar a casa de mis papis, era encontrar un nidito de amor, comida calentita, risas, juegos, etc Mis padres en la mesa aconsejándonos y forjándonos a ser buenas personas.
Éramos partícipes de las siembras y cosechas, de ir a la playa a pescar y mariscar para disfrutar un rico almuerzo (trabajo en equipo)
No utilizaban términos de educación financiera, pero crecimos bajo la premisa: “hijitos, no gasten más de lo que tienen”. Hoy a mi edad gozo de un buen trabajo, tengo el sueldo que jamás imaginé e impensados viajes, todos tenemos casa propia y en cada construcción, ahí están mis hermanos ayudándose unos con otros, pasa alguna dificultad y ahí estamos todos unidos.
A mis papás les va súper bien económicamente, pero más allá de lo material, yo los miro y veo unos tremendos seres humanos, ninguno de ellos tiene cuarto medio, pero su amor y sabiduría nos sostuvo hasta los días de hoy.
Aún siguen esas juntas familiares, jamás ha faltado comida y alegría en nuestra mesa.
¡Mil gracias amados padres!
