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Gracias a los mariachis

Bueno, imaginense la siguiente situación... Tienes a Marta, que es una diseñadora gráfica... Trabaja en esta agencia pequeñita pero agradable, con ventanas grandes y esas plantas que parecen sobrevivir solo con luz de pantalla. Ahora, Marta está totalmente enganchada de Luis, que, casualmente, es el nuevo en la oficina. Sí, el clásico chico que parece sacado de un anuncio de perfume, siempre con sus camisas a cuadros que hacen juego con su sonrisa de galán de telenovela.

Pero aquí viene lo gracioso: Marta, en su intento de impresionarlo, decide que va a diseñar la presentación más espectacular para el próximo proyecto. Piensa que si logra un diseño que deje a todos con la boca abierta, seguramente, Luis caerá rendido a sus pies, o al menos notará que existe, ...no?

Así que se pasa noches enteras trabajando en su obra maestra. Cuando por fin llega el gran día, Marta está toda nerviosa, sudando como si se hubiera corrido un maratón, pero con una sonrisa que no cabe en la oficina. Empieza la presentación, clic tras clic, revelando sus diseños. Y justo en el momento cumbre, cuando todos deberían estar aplaudiendo su genialidad, el proyector decide tomar unas vacaciones. Se apaga...

Nadie ve nada. Silencio total. Y luego, alguien suelta una risa nerviosa, seguida de otra, hasta que toda la sala está riendo. Marta, roja como un tomate, intenta explicar, pero cada palabra la hunde más. Entonces, en ese momento de desesperación, suena el teléfono de Luis. ¿Y adivinen qué es lo que tiene como tono de llamada? 'I Will Always Love You' de Whitney Houston, pero en versión mariachi. La sala explota en carcajadas.

Al final, Luis ayuda a Marta a solucionar el problema del proyector, y aunque ella estaba mortificada por los errores, resultó ser la rompehielos perfecta. Trabajaron juntos en la presentación y sí, se volvieron inseparables. Pero eso sí, cada vez que alguien en la oficina quiere romper el hielo, pone música de mariachi...

Así que ahí tienen, la historia laboral más sin pies ni cabeza, pero que, de alguna manera, termina siendo tan real como la vida misma.



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