El rey del castillo
Esta es una de las anécdotas laborales más divertidas que me han pasado. Estaba yo trabajando de reponedor en una tienda de barrio, de esas que venden de todo un poco. Un día, llego por la mañana, bien tempranito, como siempre, y me dice el jefe que tengo que recibir un pedido gigante de papel higiénico.
Yo, como buen empleado, me preparo para la tarea. Me pongo los guantes, la camiseta que me dieron el primer día - que por cierto, me quedaba enorme -, y me pongo a esperar al camión. Pues bien, llega el camión, y el conductor me dice con una cara de pocos amigos: Acá traigo el papel... y bueno me puse manos a la obra.
Empiezo a descargar rollos, y rollos, y más rollos. Cuando llevaba como la mitad, me doy cuenta de que no voy a tener espacio físico para tanto papel higiénico. El problema es que los rollos ya estaban por todos lados, en el suelo, sobre las estanterías, algunos hasta en la calle. Y yo, en mi brillantez, decidí empezar a construir una fortaleza de papel higiénico detrás del mostrador. Total, que cuando ya he terminado, me doy cuenta de que he construido, sin querer, un laberinto de papel higiénico en medio de la tienda.
Justo en ese momento entra mi jefe, que había estado fuera haciendo trámites... se pueden imaginar la cara que puso. Pero lo mejor fue cuando un cliente entra, mira a su alrededor, y suelta: " Esto es un almacién o el parque de diversiones del papel confort...?". Mi jefe, sin saber si reír o llorar, solo atinó a decir: "Promoción del día, encuentra la salida y llévate un rollo gratis".
Al final, tardamos todo el día en organizar adecuadamente el papel. Pero esa historia se convirtió en la leyenda del barrio, y la gente venía a preguntar si íbamos a hacer otro "evento del papel de baño". Y así, queridos amigos, fue como por un día fui el rey de un castillo hecho de papel ( aunque fuera confort ).... Quién me lo iba a decir!
