Encontrando el amor
Siempre le hice el quite al amor, pensando que no necesitaba ese cacho en mi vida. Con esa onda encontré una buena pega en una start-up en Providencia. Mi día a día era un correteo entre el Metro y largas horas picándole al computador.
Era un día pega como cualquier otro cuando la caché por primera vez. Llegaba para empezar su práctica, un paso brigido en la vida de cualquier chileno, marcando un antes y un después en su camino profesional. Se llamaba Camila. Al tiro me dije que no me interesaba, repitiéndome que mi fascinación por ella era pura pinta.
Pero, contra mi idea, terminé cada vez más metido con ella. Camila era super inteligente e iluminaba la sala con su buena onda, haciendo que las largas horas de pega se pasaran volando. Empezamos a compartir almuerzos y chácharas sobre el trabajo, y de a poco nuestras conversas se fueron pa’ fuera del trabajo.
Caché que, a pesar de mi resistencia, estaba quedando baboso. Me decía a mí mismo que era una fase no más, pero cada vez que ella sonreía o se reía de alguna tontera que decía, sentía que lo "pasajero" se hacía más duradero.
En un intento de mantener mis sentimientos a raya, incluso llegué a poner fotos nuestras juntas en mi escritorio, disfrazando mi creciente afecto por ella bajo la excusa de que era simplemente una buena amiga. Sin embargo, incluso mis colegas comenzaron a notar cómo mis ojos seguían sus movimientos, casi como si una parte de mí se negara a aceptar lo que mi corazón ya sabía.
Un día, mientras caminábamos por el Parque Bustamante después del trabajo me atreví a expresar mis sentimientos. A pesar de las voces en mi cabeza que repetían "¡Ten cuidado! ¡Te lo advertimos!", las palabras fluían de mí con una sinceridad que no sabía que tenía.
Para mi sorpresa, Camila me regaló una sonrisa de alivio y cariño, confesando que ella también había estado en las mismas, asustada de echar a perder lo que teníamos.
Lo que empezó con negación ahora se transformó en una historia de amor muy bonita. En Camila encontré no solo una compañera, sino una conexión profunda que jamás pensé encontrar.
Providencia, con todos sus rincones y su movimiento constante, se volvió el escenario de nuestra propia historia de amor, uno que inició evitando, pero que, gracias a la buena onda y a los momentos compartidos, se volvió una celebración del amor de verdad.
