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Te extraño mas que nunca.

Estoy muy triste y cansada de siempre lo mismo. Se supone que, a estas alturas de la vida, no me debería afectar y debería estar acostumbrada, pero es inevitable. La madre y el padre son un apoyo fundamental en tu desarrollo como persona.

Les cuento un poco sobre ellos. Mi madre tiene sus propios traumas de infancia, donde no le enseñaron a dar amor y menos a recibirlo. Su forma de hablar siempre fue a través de los golpes. Sin embargo, siempre fue una mujer alegre, generosa, compasiva y muy guerrera (siempre la admiré). En aquel tiempo, criar hijos era muy difícil, y por malas decisiones y normalizar los golpes y vicios, conoció a un tipo del cual tuvo tres hijos, hasta que ya no soportó la vida que él le ofrecía y se fue. Luego de eso, conoció a mi padre, mi viejito, que su único error fue ser alcohólico, pero lo superó tarde, pero lo hizo. Él también tenía sus propios traumas, que lamentablemente nunca me quiso contar, pero a diferencia de mi madre, él siempre intento expresar lo que sentía. Le llevaba dulces siempre, aunque ella empezaba a celar y se ponía agresiva. A nosotros siempre igual nos compraba cosas. Recuerdo cuando me agarraba la nariz mientras dormía y me despertaba, solo cuando estaba ebrio decía lo mucho que nos amaba si de alguna forma lograba estar sobrio. Sus pensamientos y miradas siempre se perdían. Siempre le pregunté en qué pensaba, pero jamás tuve respuesta.

La relación entre ellos siempre fue tóxica. Mi mamá lo celaba por si acaso a nosotras nos sacaba la mierda. Si no fuera por mi viejo, que en paz descanse, tendría más golpes que contar de los que recuerdo. Él jamás nos perdió de vista, siempre estuvo presente, aunque ausente. El alcohol me lo robó por muchos años. Sin mentir, les puedo decir que recién a los 23 años, quizás, supe lo que era comer un helado con él, ir al cine o almorzar, esas actividades de padre e hija. Pero si había algo en lo que él jamás fallaba y estaba al pie del cañón, era siempre que amanecía.

El día que se acercaba mi cumpleaños, siempre, siempre me despertaba muy temprano, me saludaba y me daba su regalo, seguido de ello, venía mi madre.

Ahora quiero contarles mi versión de por qué me afecta mi cumpleaños. Cuando tenía 9 años, mi abuela y mi tía materna padecían de cáncer, ambas ya se encontraban en una etapa avanzada. Desconozco si hubo tratamiento, aunque lo dudo. Bueno, cuando estaba por cumplir los 10 años, mi abuela falleció 2 días antes, para ser exacta, y 2 días después falleció mi tía.

A mi madre eso la devastó en ese momento, ella dijo que no era época de celebración, que ella estaba muy triste y yo debía entender. Y a mi corta edad, era muy madura, así que sí, lo hice. Al año siguiente, no dije nada sobre mi cumpleaños, porque sabía que era una época triste para ella. Y les podría decir que hasta casi los 18 años, para mí, la fecha solo era la época de aniversario de la muerte de su madre. Así que, como te puedes imaginar, la celebración de mi cumpleaños desapareció. Siempre que venía mi cumple, me sentía muy sola y sentía que no tenía el derecho de celebrar, pero poco a poco lo intenté. Desde los 18 en adelante, los primeros 3 los celebraba junto a otra amiga, que ella estaba el 31, y como mi padre sabía que era importante para mí, siempre abogaba para interferir con mi madre. Si no mal recuerdo, a los 23 años me fui de casa y aún recuerdo lo emocionada que estaba cuando le llamé para decirle que haría una fiesta de disfraces en el día de mi cumpleaños. Era como ser una niña. Jamás podría expresar a través de esto lo feliz que fui ese día, cuando todos mis amigos se disfrazaron de villanos o superhéroes, que era la temática. Mi padre, que en aquel tiempo ya había dejado de tomar, me llamaba todos los días para saber cómo estaba (ya todos se habían ido de casa y yo era la menor). Él siempre estaba contento y siempre me escuchaba, aunque fuera algo malo. Siempre se ahorraba su opinión. Lo digo porque a él no le gustaba que fumara o tomara y yo le decía que solo lo hacía de vez en cuando, que no era todos los días, y que estuviera tranquilo. Bueno, al parecer, él era el único que le recordaba a mi madre mi cumpleaños, porque hasta aquí se fue todo a la mierda cuando él murió. Y adivinen de qué... ¡Cáncer!

Bueno, contar el inicio de mi infancia es más complicado. Solo me limitaré a explicar por qué me afecta mi cumpleaños y lo de mi madre.

Tengo una hermana que, para mi suerte, ella está de cumpleaños 3 días después del mío. La verdad es que tenemos buena comunicación, pero no existe la hermandad entre ella y yo. Como les contaba más arriba, mi madre ya tenía 3 hijos. Ella es uno de ellos y tomó la decisión de irse de casa para alivianar la carga a mi madre durante la crianza de los demás. Entonces, cuál fue la nueva canción cuando, aparte de a los 10 años, no es época de celebrar. Cada vez que se acercaba la fecha de ella, yo era quien no terminaba de criar a tu hermana y necesitaba compensar los años perdidos. Y tú me dijiste que ya no te gustaba celebrar tu cumpleaños. Debes entender que necesito estar para ella. Yo estoy contigo todos los días (desde los 11 hasta los 21 aprox en adelante, le daba esa respuesta, aunque en realidad no me gustaba celebrar mi cumpleaños). Y bueno, nuevamente entendí que ella necesitaba llenar un vacío que obviamente yo no podía compensar. Así que mi madre viajaba todos los años. Yo jamás le reclamé o más bien dicho, jamás le he reclamado.

Estar en el cumpleaños de mi hermana significa viajar días antes, lo cual siempre choca con el mío. Pero solo me conformo con que me salude. Siempre me conformo con eso. ¿Acaso ustedes creen que ella o mi padre me compraban una torta o un regalo? No, no, no. Si les digo que no era motivo de celebración es simplemente porque no existía nada que representara el día. Como les decía, desde los 18 en adelante, los comencé a "celebrar", pero era porque me colaba en la torta de mi amiga (ella me invitaba igual, obvio). Pero jamás celebraba mi cumpleaños en el día de mi cumpleaños. Hasta que cumplí 25, recién en ese momento los celebré en mi día. Los años anteriores los celebraba, pero jamás en el día de mi cumpleaños. Siempre lo hacía días después, porque me sentía muy culpable. No quería que nadie me deseara un feliz día porque sentía que no lo merecía. Solo sabía recordar aquellas palabras... "No es motivo de celebración".

Llevo 2 cumpleaños donde ya no está mi viejo. El primer año fue súper penca. Lloraba porque no estaba él, no estaba su llamada, su ironía. Obvio, no celebré ni una mierda. Pero creía que mi madre compensaría esa llamada a las 8 de la mañana. Pero, ¿qué creen? Me llamó casi a las 22:00 de la noche. De fondo escuché "feliz cumpleaños" y cuando terminó de cantar, la remató diciendo "se me había olvidado tu cumpleaños y me acordé porque me dijeron que en unos días es el cumpleaños de tu hermana". Cooooonchesuuuumadre, weon. No saben cómo se me partió el corazón, weon. Pero en vez de llorar o reclamarle, le respondí irónicamente y le dije "ah... Yo creía que me llamabas a esta hora porque a esta hora había nacido. No te preocupes, gracias por desearme un feliz cumpleaños".

Este año, creí de verdad, weon, creí que sabría compensarlo. Le conté que haría un viaje, saldría en avión con mi esposo y tendría todo un día lleno de actividades. Por si me llamaba, estaría muy ocupada.

Entonces, ¿qué hice? Mi vuelo salió a las 6 de la mañana. Apenas toqué tierra, le llamé. Pensé que ahí tendría la oportunidad de desearme feliz cumpleaños. Pero no. Se puso a contar sus historias. Le dije "mamá, llegué, no te preocupes", y me dijo "qué bueno que la pases bien" y se terminó la llamada.

Al llegar la tarde, no sé ni a qué hora me llamó y me dijo "feliz cumpleaños, se me había olvidado". Sentí tanta importancia, weon, que me dieron ganas de decirle "siempre con la misma mierda, ya me tienes arta". Pero me quedé callada y le dije "muchas gracias, no te preocupes mamá, estoy ocupada, después hablamos".

Cuando mi viejo falleció, murió 6 días antes del cumpleaños de mi madre y unos días antes del cumpleaños de mi suegro. A ninguno quise hacerle lo que a mí me hicieron, y puse mi máscara de sin dolor y les celebré y canté a ambos, sin importar nada. Quizás muchos digan que la muerte de un padre es fea, pero ¿por qué me afecta tanto? Simple, siempre quise tener padres amorosos. Mi único sueño era tener papás. Por ende, fui la hija que complacía en todo. Desde que dejó el alcohol, se volvió el padre perfecto. Me escuchaba, alentaba, me aconsejaba. Disfrutamos de momentos que no tuve de niña, que quizás mi madre pudo compensar por ambos, pero ella jamás quiso dejar sus traumas de lado. En cambio, él jamás quiso que yo supiera de su infancia o sus penas. Palabras simples con él podía ser yo, en cambio con mi madre, jamás he podido demostrar que la necesito, que a veces siento pena o algo. Para ella, yo no necesito ayuda.

Gracias a Dios, tengo una vida que muchos envidiarían y otros dirían que es lo que se merecen. Pero esto trajo, diría yo, celos en ella. O no sé, quizá me he pasado rollos desde que me vine a vivir a mi propio hogar hace 6 o 7 años. Ella habrá venido unas... mmm... 3 o 4 veces y me dice "es que vives muy lejos". Pero a la que le celebra el cumpleaños, vive a 9 horas de distancia.

Amo a mi madre, pero no les voy a negar que ella hace difícil que mantenga puros mis sentimientos. Ya estoy cansada de entender. Yo soy la menor, no tengo hijos. Fui la única que se responsabilizó con la muerte de mi padre, con su enfermedad. Literalmente, nadie más ayudó en nada. Pero nadie. Era la única que corría con los gastos de ellos. A pesar de que me fui de casa, los demás, si no la endeudan, le piden que cuide a sus nietos. Estuve por más de un año donde le pagaba un plan y nunca llamó. Ahora sí lo hace, pero creo que es porque le he creado el hábito. Ya que le llamo bastante seguido, y si no recibe mi llamada, quizás se extraña, o no sé.

Quizás ella también está sentida conmigo por algunas decisiones que tomé, y por eso es así conmigo. Pero sé que hice lo correcto, y no me arrepiento. ¿Qué dirán ustedes? Déjenme a mi padre donde a mí me acomodaba visitarlo, porque yo lo cuidé, lo limpié. Yo lo acompañé al médico, nadie más que yo en los momentos críticos. Él solo me recordaba, y por no querer verlo triste, le rogué a mi mamá que lo viniera a ver, que por favor me ayudara, porque la verdad igual estaba cansada. No podía dormir, él requería cuidado 24/7. Ella lo habrá hecho por una semana, y cuando venía, no paraba de quejarse. Decía que yo lo tenía muy consentido, que jamás se recuperaría, que debía caminar. Mi viejo no podía levantarse, así que permanecía acostado. El último día que estuvo, discutíamos en la cocina. Yo le dije "mami, no me importa, tú no estás en su cuerpo, así que no sabes su dolor". Y ya no quiero contar lo que pasó después porque no puedo.

Creo que te fuiste muy pronto, viejito. Te necesitaba y te necesito. Soñaba con tener padres y que un día me vieras casar. Eso era todo lo que pedía, pero no lo logré. Ahora solo me queda mi madre. Sé que un día ella cambiará y tendré una buena relación como la que tuve contigo. Solo tuve que esperar 23 años. Quizás con ella no sea lo mismo, pero prometo tener paciencia, mamita, porque los amo a los dos, y ver su sonrisa es el motivo de mi felicidad. No importa qué tan rota esté, solo espero que para el siguiente año estén conmigo y no se olviden. No quiero pensar que mi papá era el que te lo recordaba, porque me duele mucho saber que entonces lo que resta de tu vida y de la mía será así. No quiero vivir con rencor.

Disculpen por lo largo, de verdad necesitaba expulsar todos estos malos pensamientos.



No te reprimas. Completamente anónimo.

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