Cambio de planes
Tengo la suerte de vivir en una muy linda ciudad en el sur, al ladito de un lago que es una maravilla, tranquilo y precioso, un pueblito que es pa' enamorarse. Pero tengo una lata que no me la puedo, porque desde que que tengo uso de razón llegan, cuando el calendario dice enero y no paran hasta finales de febrero, los parientes de Santiago.
Estos familiares que nos 'honran' con su presencia cada verano, parece que les tira el sur más que la cresta, especialmente cuando calienta el sol.
La historia es siempre la misma: años tras año, mi vieja se las juega por ellos, con una paciencia de santa y abriendo la billetera como si fuera cajero automático. Desde que empiezan los vientos de diciembre ya está mi mamá con el mismo discurso: 'Hay que juntar platita, que vienen los parientes de Santiago y hay que tenerles sus guenas cositas pa' que estén a gusto'.
Pero ahora la cosa es que mi mamá ya está chata, la edad no viene sola y decidió que ya fue suficiente de puro dar y no recibir nada. Así que les mandó el recado que se iba a hacer la linda y arrendar la casa en pleno verano, y que ahora nos aguantaran en Santiago, porque nosotros también los extrañamos caleta, ¿o no? Y, como mi mamá siempre ha sido un siete con ellos, ahí están pidiendo de vuelta la mano, que nos toca a nosotros ir a 'descansar' a la capital.
La verdad, no sabís cómo quedaron con la boca abierta cuando cacharon el manso cambio de planes. Los cabros de Santiago pusieron caras como si les hubieran dicho que el terremoto venía sin helado. Pero mi vieja, firme, sin dar el brazo a torcer. Y ahí andamos, organizando la vendida de dulces pal verano, pa' que la casa se pague sola y nosotros nos vayamos a puro regodear en la casa de los parientes.
Te apuesto que van a estar todos haciendo fila pa' usar el baño y quejándose de que ocupamos toda la cocina. Pero filo, así es la cosa no más, a veces toca devolver la mano. Y quién sabe, capaz que agarremos la maña de escaparnos cada verano, y nos hagamos las lesas cuando pregunten si van a poder venir pal sur otro añito más. Total, la casa va a estar arrendada, ¿cierto?
¿Qué les parece el cambiazo? Hay que ver cómo se las arreglan cuando les toca jugar de local. ¡Ya quiero ver esas caras de fiesta de guardia! La pura y santa verdad es que mi vieja es una seca para las sorpresas. Y parece que este verano, vamos a llevarnos tremendo recuerdo de la capital. ¡A ver si nos soportan igualito que nosotras a ellos!
