Sin relleno.
Soy periodista. Hace 10 años, en plena época de bonanza del cobre, una reconocida minera del Norte de Chile, organizó una cena de fin de año para los comunicadores. Cada invitado tenía asignado un número porque había un premio sorpresa. Fue una grata velada, en un buen restorán y al final de la noche el bendito sorteo que todos estaban esperando. Para mi asombro saco el número premiado y con harta fanfarria me entregan una maleta de 10 kilos. Mis colegas entusiastas gritaban ¡un viaje, abre la maleta ahí debe estar el premio! a lo que tímidamente accedí.
Ante la expectación general, abro el cierre y solo me encontré con la garantía del producto y las instrucciones del candado con clave. Hubo un silencio incómodo, volví a mi mesa, pero esa noche regresé a mi casa con una maleta de 10 kilos con el nombre de la empresa bordado.
