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Vecinos, trompetas y pilsen fría: crónicas de un domingo agitado!

Hola a todos. Esta situación laboral es un poco complicada. Resulta que hoy es domingo; muchos están disfrutando su día libre, lo cual es genial, y otros trabajamos porque así es la cosa. Emprender es complicado, más en este mundo lleno de egoísmos. Hoy es domingo, terminamos nuestra jornada con el pariente y nos vamos a casa. ¿Y qué es lo primero que nos encontramos? Al vecino que deja su auto estacionado en la mitad del pasaje, frente a mi casa, y por ende, no puedo entrar. Lo llamamos y no sale o se hace el desentendido. Venimos agotados, sofocados por el calor, y solo queremos llegar a nuestro hogar, entrar en nuestra camioneta, almorzar y mimar a nuestra perrita. Pero no, nos toca amargarnos con aquellos que no tienen un mínimo de empatía (todos saben que salimos temprano y llegamos tarde, tratamos en lo posible de vivir tranquilos sin molestar a nadie; por eso ingresamos con nuestro vehículo).

Trabajamos de lunes a domingo, somos muy discretos, no nos metemos con nadie, pero la gente no colabora. Siento que no pertenezco a este lugar. Vivimos en una comuna pobre, con personas groseras, pero también con gente muy trabajadora y tranquila. Debemos soportar los cultos religiosos, que prefiero antes que a unos vecinos narcos. Pero, ¿sabes? Uno llega cansado y tiene que descansar, pero mañana es lunes y ¡zas!, trompetas, alabanzas, glorias a los dioses a todo volumen, autos ocupando toda la plaza donde llevo a pasear a mi perrita. Estoy harta de vivir aquí.

Si pudiera, me largaría, pero no puedo. Trabajamos y nos alcanza para vivir dignamente nomás. Así que solo quería desahogarme un poco. No me creo superior, solo quiero llegar a mi hogar, tomar una cerveza bien fría y descansar. ¿Es mucho pedir?... cuidense...



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