La cooperación siempre!
Las luces del árbol de Navidad brillaban, dándole onda a la pieza. Mientras me sentaba al lado del ventilador ( pucha que estaba haciendo calor =, me venían a la mente esos tiempos difíciles, como el dilema del prisionero pero con olor a pascua.
Había vivido situaciones donde tenía que elegir entre preocuparme solo de mi gente o ayudar a otros, igual que en el dilema del prisionero. Un verano muy caluroso, los González, mis vecinos, la estaban pasando mal. Yo también tenía mis rollos, pero no podía ignorar lo que les pasaba.
Me acuerdo de una noche en que, a lo prisionero bueno, me aparecí en su puerta con un canasto lleno de comida y regalos. Podía haber guardado todo pa' los míos, pero sentía que tenía que tirar pa'lante con la generosidad.
Cuando toqué el timbre, mis vecinos se sorprendieron caleta, pero se les iluminó la cara de felicidad. Esa noche nos juntamos, compartimos historias y nos reímos harto, olvidándonos un ratito de los problemas.
Después de eso, algo bkn pasó. Otros vecinos empezaron a ayudar a los González. Con comida, plata, poniendo el hombro, y poco a poco, la cosa se empezó a alivianar para ellos.
La Navidad se acercaba y me di cuenta de que aquel acto de cooperación había desencadenado una cadena de generosidad. Como un juego de prisioneros buena onda, la cooperación y la buena onda se expandieron como pólvora.
Mientras tamos ahí, en la sala con mi familia, el espíritu navideño tomó otro sentido. Esa lección de buena onda y ayuda mutua era el mejor regalo de la época: la confirmación de que un pequeño gesto puede encender la chispa pa' que todos colaboremos y nos unamos más.
