Travesuras pedagógicas sureñas
Soy de Santiago y hace dos años decidí aventurarme en el sur de nuestro país. No me mueven las lucas, así que solo me fui con lo puesto y amor a la pedagogía. Encontré trabajo al tiro, por fortuna, pero jamás me había pasado que quiero abortar misión y no solo volver a Santiago, sino que además, dejar la pedagogía.
Entré a trabajar en una escuela pequeña, donde lamentablemente encontré a personas bellas como colegas y otras que son lo peor del gremio, pero eso es vivible; todo lo podía soportar por mis "chiquititos". El pueblo es pequeño y todos se conocen entre sí, pero lo odio, odio a su gente; las personas se pelan, se sacan el cuero y después se saludan como si nada. Me han tratado de lo peor los apoderados, solo porque no les doy en el gusto, o sus criaturas se portan como el hoyo y es mi responsabilidad que me traten a garabatos y mil cosas más.
Los apoderados, no todos por supuesto, han robado dinero, han inventado cosas y los niños son el reflejo de sus padres. Los quiero, pero ya no sé qué hacer. He llorado más de lo que he disfrutado. Sé que es mi culpa idealizar, pero vivir en el sur es lindo, parece, cuando no convives con estas personas que con suerte te saludan en el negocio del pequeño pueblo. Me he cuestionado increíblemente si acaso soy culpable, pero no, tengo claros mis principios y también mis formas de aportar y colaborar, y lo he presentado a mi círculo e incluso psicólogo, porque esto me tiene tan mal que tuve que comenzar a tratarme. Mis jefes están contentos con mi trabajo y conscientes de lo que pasa, pero ¿qué poder hacer si aquí las cosas son así, no más simplemente?
Hace unos días, fui a un supermercado y la cajera (sin yo conocerla) me dice: "Así que usted es la que anda con el hijo de ***** nombre y persona que jamás he escuchado en mi vida". Ni siquiera lo negué, solo le pedí que me dijera quién había dicho eso y me comentó que todo el pueblo lo sabía, porque la profe de inglés, nueva del pueblo, viene de Stgo y usted es la única que cumple esas condiciones.
Otro día, en mi cabaña de casi 2x2, llegó una apoderada a pedirme que me quedara con su hijo porque debía salir; le expliqué que no (más por miedo la verdad) y me trató de lo peor, que los de Stgo éramos una mierda y yo no tenía vocación. Tuve miedo porque se ha inventado tanta cosa, que de verdad no quiero ni siquiera abrazar a los niños.
Me aburrí, no soy capaz de hacer clases en paz y los apoderados creen que soy una esclava de ellos. Si es así la pedagogía y nos pasan a llevar a diario, prefiero dedicarme a otra cosa. Feliz volvería a Stgo. pero siento que en estos dos años, me endeudé malamente y ahora sí necesito el dinero y tengo miedo de no cumplir, pero en serio lo digo, vivir en el sur, lo único lindo que tiene es el paisaje y saber que mi mamá me visita los veranos y tiene al fin un lugar lindo donde vacacionar.
