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Perseverancia..

Hoy quiero compartirles un pedacito de mi historia, una travesía que comenzó en un liceo comercial y me llevó a lugares que ni en mis sueños adolescentes imaginé.

Cuando tenía 15 y 16 años, la universidad parecía un mundo lejano, reservado para otro tipo de familias. En mi realidad, nunca se habló de ella. Mis padres, atrapados en sus propias luchas, jamás podrían costearme una carrera. Así que, agradecida por el título de contadora de un liceo comercial, me sumergí en el mundo laboral a los 18. Ganaba el sueldo mínimo y a veces ni eso, pero cada día era una lección de gratitud y perseverancia.

Un día, por curiosidad, entré a una universidad privada. El vendedor era un maestro de las palabras, y terminé firmando pagarés como si fueran autógrafos. Comencé a soñar y me propuse metas locas. Quería ser la mejor estudiante y aprovechar un convenio para hacer un semestre en España. ¡Y lo logré!

Al egresar como la mejor de mi generación, enfrenté el mundo laboral con la etiqueta de una universidad no muy reconocida. Siempre tuve que esforzarme el doble para que no juzgaran mi capacidad por el lugar donde estudié. Nada me detuvo. Viajé 18 horas en bus para una entrevista en Chiloé, luego otras 18 para ir por mi mochila y comenzar mi trabajo. Después, al norte, donde fui jefa de UTP y luego directora.

Pero la historia no termina ahí. Me fui a Barcelona a hacer un máster, enfrentándome a preguntas incómodas y desafíos constantes. Siempre tuve que justificar mi elección universitaria. Escuché críticas, cuestionamientos sobre mi profesionalismo, pero siempre demostré quién era realmente.

Gracias a mi perseverancia y sed de crecimiento, he logrado muchas cosas en la vida, y aquí estoy, escribiendo para ustedes. Por si mi historia puede motivar a alguien más a perseguir sus sueños. La vida es una aventura, llena de desafíos, pero cada obstáculo es una oportunidad de crecer. Así que, a seguir soñando y cumpliendo metas.

¡Tú eres el héroe de tu propia historia, y la mejor parte está por venir!.



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