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Confesión poética

Confieso que tengo una idea muda vagando desnuda por mi consciente, una razón abrazando los espacios infecundos de mi realidad intermitente, los envases hipotéticos de mi corteza cerebral se reciclan y mi idea vagabunda se transforma en un coagulo que amenaza con dejarme parapléjica o lo que sea con tal de cerrarme la boca, las manos y con suerte hasta los ojos.

Esta noche para cenar haré pescado porque debo reconciliarme con el lado extinto de mis gustos. Salmón, será para dos. Al horno para ahorrar tiempo y ganarlo después. Vino, gato blanco porque es asequible y su efecto etílico me alcanza rápido. No obstante, y pensado para dos, beberé sin compañía vino barato y en copa pequeña para por lo menos sentir algo de emoción al levantar la botella lentamente mientras me maravillo de la ansiedad que fecundo al llenar la copa repleta y vaciarla y esperar como la incongruencia se apodera de mi abstinencia.

Ahora bien, el dormirá porque su día fue largo y porque no habría razón para brindar a mitad de semana, y yo bueno no, el día es tan vacío que casi me perturba la idea de no sentir eso de la carne que me invita a recostarme a su lado o a sus pies como siempre he estado.

Yo beberé esta noche porque aunque haya sido un día vacío fue amable y porque al acariciar su espalda cuando la noche se esté marchando él me dejará la cama vacía y siendo amable se marchará a trabajar, pero eso será después, cuando haya acabado la botella y mis ojos serenos y equivocados no quieran más realidad o irrealidad que para el caso es lo mismo.

La idea errante desaparecerá porque cuando uno fecunda una idea, primero esta se asoma en el instinto y luego quiere alojarse en el sentido y para cuando eso ocurra yo estaré embriagada y resignada a seguir con mis días vacíos pero amables.

Entonces si partiré con él a la cama después de la cena descongelada y me recostaré a su lado o a su pies que para el caso es lo mismo y acariciaré su espalda porque para esas alturas me parecerá normal eso de la carne... entonces él, el de los días largos besará mis labios y me discurrirá con amor y yo bueno no, cerraré mis ojos condescendiendo a su carne.

Los días amables se agradecen sin embargo estoy perdiéndome.



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