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La entrevista.

Alex era un guardia de cementerio, el más longevo del país, hace unos días había salido en un reportaje en la televisión, por lo que Teresa quiso entrevistarlo para un trabajo de la universidad.
Teresa se presentó con Alex y le explicó que debía entrevistar a un personaje reconocido de la ciudad y que al verlo en la televisión se le ocurrió que tendría mucho que contar. Alex encantado aceptó, pero justo él empezaba su nuevo turno nocturno en los próximos días, así que a Teresa no le quedó más que aceptar.

A los días se juntaron en la entrada del cementerio y mientras hacían el recorrido diario empezaron la entrevista.

Teresa: Dígame Don Alex, ¿cuánto tiempo lleva trabajando de guardia aquí en el cementerio general de la ciudad?
Alex: Llevo más de 50 años, no recuerdo la fecha exacta.
Teresa: Entiendo, y ¿Su familia que piensa al respecto? ¿Les gusta que usted a su edad siga trabajando aquí?
Alex: La verdad, a mi me gusta mi trabajo, fue decisión mía el haber tomado este empleo, y sus opiniones no harían que cambie de labor. Es más, mi esposa e hijo están enterrados en este cementerio, estando aquí los siento cerca y no podría alejarme de este lugar.
Teresa: Lamento mucho oír eso, imagino que ellos lo acompañan en su recorrido diario.
Alex: Así es, me siento seguro de alguna manera.
Teresa: ¿En sus días libres qué le gusta hacer?
Alex: Me la paso aquí, visito el sepulcro de mi difunta esposa e hijo y converso con ellos.
Teresa: Pero eso puede hacerlo todos los otros días.
Alex: Claro, hace años decidí quedarme en la pequeña cabaña que tenemos aquí, mi casa la tengo abandonada, a decir verdad, hace tiempo que no la visito. Y si me voy mi señora se enoja.
Teresa: ¿Cómo se enoja?
Alex: Sí, me quita el habla y no me acompaña en las vueltas que debo hacer.
Teresa: ¿Puede escucharla o es una forma de decir, porque lo siente de esa manera?
Alex: Puedo oírla, sé que no me creerás.
Teresa: ¿Puede oír a los demás enterrados acá?
Alex: No solo puedo oír a los demás, también puedo verlos.
Teresa: Que confesión tan escalofriante, se me pusieron los pelos de punta.
Alex: Sí, es difícil contarlo, por lo general la gente te cree un loco.
Teresa: Claro, no es algo muy común. Me sorprende que haya tanta gente a estas horas de la noche ¿A qué hora cierran?
Alex: Ya está cerrado.
Teresa: ¿Entonces qué hace toda esta gente aquí?
Alex: Por eso te dije que también podía verlos.
Teresa: (Con voz temblorosa) ¿Están todos muertos?
Alex: Así es.
Teresa: ¿Y por qué yo también puedo verlos?
Alex: Porque tú también lo estás.

Oz



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