No hay que idealizar
Estuve leyendo la confesión de una amiga que se siente triste porque su pareja no quedó en el trabajo de sus sueños.
Y, como experiencia propia, le digo que cuando algo no es para ti, no se da así nomás, pero eso no quiere decir que no habrá más oportunidades.
Hace un tiempo atrás, yo también estaba en un trabajo con un sueldo miserable. Estuve años estancado allí solo porque era un trabajo seguro y la verdad me daba miedo buscar algo más. Pero un día, de la nada, dije: "Yo no quiero esto para siempre. Merezco más de lo que me ofrecen aquí". Siempre hice mi trabajo excelente, siempre me felicitaban, pero jamás quisieron mejorar mis condiciones. Así que ahí empecé mi gran búsqueda "secreta" de trabajo. Postulé a tantos anuncios que ya no recuerdo cuántos fueron. Pasaban las semanas y nadie me llamaba, o si me llamaban, las condiciones eran igual de malas o incluso peores que las que ganaba en ese momento, así que prefería no arriesgarme y rechazaba las entrevistas de inmediato.
Hasta que un día me llamaron de un trabajo que, según mis expectativas, era excelente. Me ofrecían un buen sueldo, un buen horario y excelentes beneficios, así que acepté sin miedo a iniciar el proceso de entrevistas. Pasé cada una de las entrevistas que me hicieron, también los exámenes (el proceso era por descarte y así de a poco iban quedando menos postulantes), hasta que me dieron el gran llamado que esperaba. Me dijeron que estaba entre las dos personas que habían llegado al final del proceso y que solo quedaba una entrevista más para determinar quién quedaría contratado. Estaba seguro de que el puesto ya era mío, así que en mi mente ya tenía el sueldo distribuido y había pensado en cuánto podría ahorrar cada mes, etc.
Hasta que llegó el día de la entrevista final. En la entrevista, todo marchaba excelente y al finalizar me dijeron que durante el día recibiría el llamado para informar si había quedado en el puesto o no. Las horas se me hacían eternas, pero me mantenía tranquilo, ya que estaba súper seguro de que había quedado. Incluso estaba a punto de renunciar en mi entonces trabajo actual. Hasta que recibí el tan ansiado llamado y me dijeron que lamentablemente no había sido seleccionado, pero que mantendrían mi contacto en caso de que necesitaran algún reemplazo o si se abría una vacante similar. Ahí sentí que se me cayó el mundo, me sentía insuficiente, ya no creía en mis capacidades y así fue como dejé de buscar trabajos.
Hasta que meses después, por curiosidad, me metí en las páginas de trabajo para ver si había algo nuevo, y había un anuncio de una empresa que prometía maravillas (tenía más de 500 postulaciones). Por aburrimiento, postulé, después de todo, ¿qué era lo peor que podía pasar? Pasó una semana y ya ni me acordaba de que había postulado, hasta que me llamaron y me dijeron que si tenía disponibilidad para una entrevista en línea (era de esa empresa que ofrecía maravillas). Yo ya no estaba entusiasmado, pero dije que sí, solo porque era en línea y no perdía nada.
Llegó la hora de la entrevista, y ni siquiera me acordaba de que me la habían agendado. Al otro día, me volvieron a llamar, y recién recordé que me habían agendado. Obviamente, me disculpé por no conectarme, pero la dama que me llamó me dijo que si aún estaba interesado, podríamos agendar nuevamente la entrevista para otra fecha, y yo acepté. Llegó ese día, y se acercaba la hora de dicha entrevista. Yo estaba súper ocupado, así que pensé en simplemente no conectarme y después mandar un correo de agradecimiento avisando que no pude conectarme y que me descartaran. Entonces, recibí otro llamado de un número distinto, y para mi sorpresa, era la persona que me iba a entrevistar. Me dijo que no podía conectarse porque había tenido un inconveniente, pero que estaban muy interesados en mi currículum. Era mejor que yo le propusiera un día y una hora para realizar la entrevista, para que fuera justo. Y, recién en ese momento, me empezó a picar el bichito, y le di un horario.
Así fue, llegó la hora de la entrevista, y me fue muy bien. Pero al igual que en la primera empresa, también hicieron un proceso de selección, así que tuve que pasar por varias entrevistas. En todas me fue muy bien, pero ni así me volví a ilusionar. Debo admitir que estaba entusiasmado, pero ya no como la vez pasada. Hasta que una tarde me llegó un correo con la carta de oferta y dándome la bienvenida a la compañía, indicándome la fecha de ingreso. A los pocos minutos, recibí otro llamado de la primera persona que me entrevistó, confirmando lo que decía ese correo.
La verdad, estaba más que feliz, y ahora estoy en un trabajo genial, ganando seis veces más de lo que ganaba en la antigua empresa, con muchos beneficios y ganando más de lo que me ofrecían en la primera empresa a la que postulé. ¿Por qué cuento esto? ¿Y por qué tan largo? Porque, como dicen por ahí, si algo es para ti, todo se alinea a tu favor, y si no lo es, la vida se encarga de mostrártelo. Porque si hubiese quedado seleccionado en la otra empresa, jamás hubiese postulado a mi trabajo actual. Como moraleja, no hay que disponer de dinero que aún no tenemos seguro o idealizar algo que solo está en un quizás, porque corremos el riesgo de que el golpe de la decepción sea muy fuerte. ¡Saludos!
