El amor perdido
Recién salida de la universidad, entré a mi primer trabajo en una empresa de mediano tamaño que prestaba servicios a organismos públicos. El tema del sector público no lo manejaba muy bien, así que, para familiarizarme, la jefatura me puso de 'aprendiz' con trabajadores que llevaban más tiempo dedicados a esos asuntos. Ahí conocí a un compañero de trabajo 20 años mayor que yo, con el que al pasar el tiempo y siendo ambos solteros, iniciamos una relación amorosa. Nunca había conocido a un hombre tan amable, cariñoso y protector como él, que todos los días tenía una palabra bonita para mí. En todo aspecto, él era la persona ideal y me encantaba por el buen humor y alegría que siempre proyectaba.
Toda mi vida he tenido problemas de inseguridad: inseguridad acerca de mí misma, acerca de la vida, el futuro, etc. Siempre tiendo a sobrepensar las cosas y termino convenciéndome de que todo es malo o peor de lo que realmente es.
Al tercer año con este hombre, me autoconvencí de que la relación no tenía futuro porque él siempre fue muy de vivir el momento, sin proyecciones hacia adelante, tomándose la vida siempre con el buen humor que tenía. Esto entraba en conflicto con mis ambiciones propias de una recién egresada que se siente con el derecho de fijarse metas y cumplirlas a base de esfuerzo y trabajo.
Ya empeñada en encontrarle defectos a todo, también consideré que, a pesar de ser tan buen hombre, él no era lo que yo llamaría físicamente atractivo, algo en lo que mis pocas amigas estaban de acuerdo. También estaba el tema de la diferencia de edad, y yo, como mujer joven, siempre podría encontrar a alguien más.
Con estos rollos que me pasaba, llegó el momento en que le dije que no quería seguir con la relación. Él estuvo como tres horas intentando convencerme de seguir juntos, pero yo ya tenía la decisión tomada y fui inflexible, y con eso todo terminó. Él fue super respetuoso con lo que decidí y nunca más me buscó o contactó, a pesar de que profesionalmente seguíamos en el mismo lugar de trabajo. Al tiempo, él se trasladó a otra ciudad y no supe más de su vida.
Como la vida sigue, pasó un tiempo y volví a tener parejas, unas más fugaces, otras más duraderas, hasta llegar al presente en que estoy casada y con una hija. Mi confesión es que puedo decir con mucho pesar que ningún hombre ha podido ni siquiera compararse con él. Nadie me ha vuelto a querer como me quería él y nadie ha podido llegar a conocer mi verdadero ser como lo hizo él. A ocho años de nuestra separación, no hay día en que deje de pensar en lo injusta que fui con él, dejándome llevar como una estúpida por frivolidades como la ambición, la edad y su apariencia, cuando debí valorar más lo que él tenía en su corazón. Todo por ser insegura.
En lo material, creo que alcancé mis metas, pero ese gran amor es algo que nunca nadie me volvió a dar.
