Vida saturada desensibilizada
Me siento ajena a muchas cosas, desensibilizada, anestesiada de mi entorno. Hay aspectos, que por momentos me hacen recobrar cierta empatía, pero reacciono como ante el agua hirviendo, lo siento, e inmediatamente me salgo del sentimiento.
Y es como vivir la vida con los audífonos puestos, saturada de melodías que no escucho, a kilómetros de problemas banales, transitando, haciendo... me es indiferente todo, eso no quiere decir que sea malo o que sea bueno, simplemente son los vaivenes de lo que tiene, debe, o lo que desee ser y no me importa. No hay crisis donde no ha existido satisfacción.
Soñar es un vicio que deseo recuperar pronto. Pero agoté mis reservas. Lo execrable de la verdad es que no es deprimente, ni sofocante, ni disonante. Es simplemente obvio. La inercia y la autocomplacencia insaciable, me parece tonto el plantarme ante ello con desilusión, más no puedo dejar de tener mil dudas.
El día empezó bonito, después de miles de días, creo que soñé algo que no recuerdo y que además no quise intentar recordarlo a primera hora, quizás porque hace rato no me despertaba tan bonito. Si, ya estoy segura, fue algo que soñé, es también una mezcla de resultados positivos de la meditación, las energías relucientes y renovadas, y linda, hace mucho tiempo no me sentía tan hermosa, mi pelo, mi piel, mis labios. Me gusto, lo sé, aunque ayer transité sobre la intensa pena unas cuadras por la mañana, pero, por la tarde feliz con mi visita favorita.
Así de simple, porque no hay pena que no se cure y hoy, me he sentido muy motivada y enérgica, tuve mi ansiada entrevista de trabajo y la amé, y me amaron ¡habemus trabajo nuevo!.
