Quiero decirte.
Una mañana de invierno, al sentir el frío desamparo golpeándome los huesos y el alma, rogué a Dios, quizás como nunca lo había hecho antes, y le imploré que me devolviera todo lo que había dejado, luego recordé que nunca nada volverá, que mirar hacia atrás solo me hacía seguir metida en esa angustia que no me estaba dejando avanzar.
En ese entonces, no deseaba seguir viviendo la vida que había formado y aunque la mayor parte del matrimonio, el contrato solemne fue respetado feliz y cargado de esperanzas, a su vez fue tormentosamente inestable, intentaba someter a mis caprichos a mi exmarido, tenía corta edad y desvalor emocional y necesitaba una entrega total de amor y una reafirmación diaria.
Algo estaba pasando en mi interior desde hacía tiempo, idealizaba en mi cabeza un mundo distinto del que tenía, el cual deseaba cada vez más, el universo se encargó de conceder aquel deseo tan profundo en mi interior.
Estuve casada por 13 años, los últimos tres años y sobre todo el último descubrí que ya no estaba enamorada. Nuestro proyecto de vida se iba a las pailas, nuestros hijos asustados y confundidos. Él fuerte y dócil, yo inconsciente e insensata, enceguecida y errada. ¿Nunca me detuve a pensar bien?, a razonar como debí hacerlo a pensar primero en mis hijos y en su seguridad emocional.
Me fui, en las condiciones que fueron, estaba cansada de todo, de haberme hecho cargo de tanta responsabilidad a edad temprana y sin más recursos para la vida, que una niñez de abandono, de un abandono emocional y físico en algunos recuerdos y pesadillas ¿y era lo que precisamente les estaba haciendo yo a mis hijos? Sin duda no lo pensé, mi 'ceguera' en el fondo era producida por mí misma, nada exterior invadió mi ser, fui yo quien deseo otra vida diversa a la que tenía y ello implicaba a mis hijos también.
La culpa cuando involucra a tus hijos es una úlcera que lacera tu moral, destruye tu corazón con pensamientos terribles de ti mismo, el hecho de dañarlos a ellos es más doloroso que cien puñaladas y eso multiplicado por muchas e interminables noches de angustia.
Me dispuse pase lo que pase a recuperar a mis hijos, aquella mañana no fui a trabajar, tuve que armarme de valor, estaban viviendo en la casa su abuela paterna, habían pasado varias semanas ya sin contacto alguno con ellos y me sentía rota por dentro. El resultado de aquel día me permitió resolver varias cosas paulatinamente, entre ellas entregarle el cuidado permanente a mi exmarido a cambio de visitas constantes, fines de semana y alimentos lo que quedó estipulado en tribunales un par de meses más tarde desde que me fui. Perdonarme esto, me costó varios años, hasta que fui encontrando respuestas y liberando mi carga a través de ser mejor, por ellos ser mejor de lo que nunca antes fui.
Pero, los recuperé a pulso y con un montón de promesas que en su mayoría pude cumplir, para vivir con ellos en una bonita casa lo que sólo duró dos años y entonces fue cuando enfermé por dentro, no tenía ánimos de salir y menos de trabajar, entonces trabajaba en una prestigiosa aseguradora y me iba increíble, mis días llenos de ventas, hasta que se detuvo todo y nada me resultaba para llegar a mis número, me encontraba en un mal momento emocional y algo debía pasar, claro, no pude seguir pagando el arriendo, fui desvinculada de la aseguradora de común acuerdo y volví a la pequeña casa del matrimonio que fuimos y que había quedado abandonada.
Unos meses después, los niños decidieron vivir con su papá porque no se sintieron cómodos en un espacio tan chico, y me dejaron sola ahí, sumada mi desmotivación y baja emocional, creí que todo aquello me lo merecía y no fue hasta 2 años después que pude volver a salir a flote, a recuperar a mis hijos definitivamente y a tener la misma racha en los negocios, la voluntad en las creencias y la felicidad de sentirme viva.
Fue crucial haberle prestado atención durante ese lapso a mi fragilidad interior y a intentar nutrir aquella parte, la más importante de todo mi ser, descubrí un camino, uno lleno de desafíos íntimos. Intentar conocerme fue abriendo paulatinamente una gran puerta, una hermosa puerta que se abrió por completo y que desde entonces permanece así.
Me perdono por intentar devolver el tiempo solo porque me sentía sola, porque no encontré lo que necesitaba o lo que mi instinto suplicaba y carecía, me perdono porque mi falta de sensatez se agudizó y no me di cuenta a tiempo porque de verdad no deseaba aquella vida.
Quiero decirte que el mundo me aterra, aunque no puedas comprender lo que digo, que, aunque para bien o para mal tengo mi temperamento, así mismo me derrumbo. Supongo que he aportado bastante a ello.
Quiero decirte a través de estas torpes palabras que eres un ser genuino, completo, fuerte y hermoso y disculpa si te hablo como si fuéramos uno, pero siento que estamos todos juntos en esta conexión, me imagino que sientes un poco lo que siento yo, o los has sentido. Claro está, que, desde algún lado de esta o la otra vereda, también piensas que estás sólo y, que te lo mereces, piensas que todos han sido errores tuyos por no hacer bien las cosas.
A veces no tienes respuestas para una mente que te grita: "basta ya" porque no puedes aguantar más los remordimientos por una culpa que no depende exclusivamente de ti. Todo ha salido mal, sí, y te atormenta no poder volver atrás en el tiempo y cambiar las cosas, lo sé.
Hay un cúmulo de situaciones que en ocasiones ajenas a ti desmoronan tu mundo, también las culpas de otros. ¿Crees que es mala suerte?, la misma que sigues teniendo desde hace tiempo y que no te deja levantar cabeza, de modo que, quizás seas tú el problema, así como lo creí yo de mí y la mala consecución de mis actos y emociones.
Sí, tienes razón. Párate a pensarlo bien y te darás cuenta de que todo aquello de lo que te arrepientes podría haber salido de otra manera, podrías haber expresado tus sentimientos reales a la persona adecuada en el lugar y tiempo justos, por ejemplo, pero no ha sido así y, ahora no logras superarlo porque te has dado cuenta de que es lo que quieres tener y vives deseando tener otra oportunidad aun sabiendo que no será la misma. Pero la realidad es que no puedes provocar que suceda o, mejor dicho, te sientes impotente por querer y no poder, porque sientes que no sólo depende de ti; intervienen muchos factores de los que quizás no sepas nada y quizás sean determinantes para darte el perdón.
Prueba despertarte un día deseando conocer tu mundo y sin pararte a pensar en esos problemas o tu único problema... Parece casi imposible, ¿verdad? Reorganiza tus prioridades; el sentirte feliz es una de ellas y ve como tu acción se reproduce en el resto de la gente. Aférrate a tu dolor, ese sentimiento que escondes tras tu encanto y felicidad, analízalo, tanto, como para que no puedas dudar más de quién eres y qué es lo que necesitas.
Ahora dile adiós a tu dolor, en una despedida algo forzosa, pero tranquila. Tú sabes que no es tu último adiós. Eres el responsable de que esta tan dura etapa termine y lo sabes, crees no tener fuerzas, piénsalo: lo estás deseando, tuya es la decisión de vivir sin esa carga, quizás eso es lo que te asusta, depender de ti y de tu voluntad para hacerlo; siempre has sido muy variable. Evita derramar más lágrimas inútiles, que, aunque mucho te duela ya no sirven de nada.
Te deseo lo mejor de este mundo, porque eres quien lo merece todo y te doy gracias porque no encuentro una palabra más noble como ésta para que sepas cuanto sirve perdonarse por aquello que has pedido perdón mil veces y que tu mente programada no te permite sanar.
Date el crédito de sentir con el universo porque mucho erramos, porque perfecto no somos, pero cada día es una nueva oportunidad, aunque suene cliché.
Procura que esta noche no seas el mismo, piénsalo antes de dormir, deséalo antes de dormir, visualízalo y duerme con esa nueva imagen de ti en mente, por la mañana una nueva versión de ti se lavará los dientes y hará la cama y a partir de entonces sabrás lo liberador que es el perdonarse, pero el perdonarse de verdad con todo lo que conlleva. Esta noche enamórate de tu verdad aquella que debe aflorar desde muy dentro de ti, justo en medio de ti, como un gen heredado el cual se resiste a seguir programado para el dolor y lo lograrás, yo estaré haciéndolo también con lo difícil y frustrante que me pueda resultar.
