Almas guias.
La Bendición del Dragón
En plena pandemia encontré mi primer trabajo, fue en una fundación que tenía convenios con Residencias de menores, fue para que los niñes no perdieran ese año por la ausencia de jardines infantiles.
Éramos 3 colegas encargadas de este taller que se llevaba a cabo 3 veces por semana, mi nivel era el inicial es decir bebés Recién nacidos hasta 1 año aproximadamente.
Poco a poco fui conociendo este mundo de Residencias y toda la cruda realidad que se arrastra, me fui quebrando, espantando y hasta perdí un poco la esperanza en la humanidad.
La mayoría de los niñes que llegan a residencias de menores a muy temprana edad es por el abandono que sufren incluso antes de nacer, me costó mucho asumir la realidad, asumir el abandono y la facilidad con la que se " deshacen" de estos bebés.
Al principio lloraba, lloraba al escuchar sus historias, lloraba al saber que estaban ahí desde que tenían 3 días o al enterarme que sus hermanos también estaban ahí, al darme cuenta que el maltrato era sistemático y constante...
El taller consistía en jugar con ellos y a través del juego estimular sus pequeños cerebros...
Llegaba los días del taller llena de ideas nuevas, con una sonrisa de oreja a oreja, saludaba a todos, tuve siempre una disposición de oro para todo. Hubo días que me quedé a apoyar a las chiquillas, las Educadoras de Trato Directo que son las que pasan casi la mayor tiempo con los niñes de las residencias, ellas representan las " figuras maternas ", fui respetuosa con ellas con su rol, con su entrega, con su valentía y fortaleza.
Conocí desde adentro la realidad que Chile no quiere ver, ví el dolor con los ojos de las ETD, ví como se deben desprender muchas veces sin apoyo psicológico de niñes que han visto crecer por años, legalmente no pueden saber dónde se van, ni dónde vivirán... pero no existe un apoyo ni acompañamiento a estas mujeres que para mí personalmente se ganan el cielo.
El taller creció día a día, teníamos unos bebés que fueron creciendo con este privilegio de la estimulación temprana, la Fundación y las empresas que ponían las lucas estaban felices, los avances fueron increíbles.
Hubo muchos ingresos de bebés durante ese año, y también egresos...tuve el placer de entregar a todas mis guagüitas de desearles que les sigan cantando, contando cuentos y que los cuiden para siempre... mi corazón se entristecía pero también fui entendiendo que un día más para ellos estando ahí era un día menos sin una familia, sin ese vínculo que tanto necesita un ser humano para ser feliz.
Llegó una profesional nueva una Terapeuta Ocupacional con al cual yo compartía el espacio en común, la recibí súper bien, ordene el mueble le dejé un espacio disponible para sus cosas, le ayudaba con datos que le podían servir de los bebés.
Yo me sentia súper bien, súper valorada y teníamos la esperanza que el taller continuará inclusive después de la pandemia. Efectivamente así fue, me ofrecieron el taller para el año sub- siguiente con contrato incluído, estábamos súper felices, me llevaba increíble con las ETD, y con el personal en general... Obviamente cuando " todo está bien", siempre hay personas a quienes les molesta, está nueva colega la TO, invento y digo INVENTO porque si conocen un poco de Residencias sabrán que están llenas de camaras que incluyen imagen y audio, bueno la querida colega que vamos a llamar Consuelo que yo la había maltratado, desde el Olimpo (así vamos a llamar al equipo técnico, que son todas aquellas profesionales que trabajan desde el segundo piso o apartadas, aquellas que se creen todas jefas y seres superiores y divinos maltratando a ETDy resto del personal ), bueno decidieron creerle a este pajarito, al parecer la rivalidad entre el Olimpo y la realidad era muy brutal y bueno yo me llevaba demasiado bien con las chiquillas de abajo.
Me llamaron a reunión y entre lamentos y yo llorando, me dijeron que no había opción que yo siguiera en el taller el próximo año, la rabia e impotencia fueron desgarradoras, no podía asumir la falta de empatía que rodeaba al equipo directivo de la Residencia... Me despedí de mis guagüitas con el corazón destrozado en Navidad, estuvimos todo el año juntos, celebramos sus cumpleaños número 1, les lleve regalos, cantamos y jugamos ese año además perdí a mi papá, fue un año increíblemente desgarrador en el ámbito emocional y en el profesional también...
Sabiendo todo esto tienen que saber que hay personas que están destinadas a compartir sus almas, sus destinos se unen y la vida misma se encarga de ponerlos siempre en el lugar que corresponden.
Paso un año entero donde me dedique a la estimulación de bebés de forma particular con unos empleadores que me tenían por el cielo.
Este año decidí cambiar mi rubro y entrar a trabajar a un jardín, entre a un medio menor y no saben la sorpresa que me lleve al ver a mi última guagüita que faltaba irse en adopción, mi corazón no podía más. Yo siempre fui consciente de que Gordito no se iba a acordar de mi, pero el amor que compartimos sus primeros meses de vida estaban clavados en su cerebro, gordito no recordó mi cara, pero si lo voz cuando empecé a cantarle las canciones que cantamos, esas mismas que le enseñe cuando era un bebé de 4 meses sonriente e inteligente. De seguro en su cerebro estaban esas sensaciones positivas, esas risas...
Nos enteramos que Gordito se iba en adopción, lloramos de emoción, empezamos esa espera de que le encuentren una familia, la angustia crecía día a día, había que despedirse de gordito, pero la esperanza era aún mayor .En las mudas yo le decía que su mamá lo amaba, que lo iban a cuidar y que yo sabía que el sería feliz porque tenía la certeza que era merecedor de todo este amor.
Por razones laborales me fui del jardín donde estaba trabajando que era a plazo fijo a uno indefinido y nos despedimos con Gordito el día de la mamá, el estaba haciendo siesta y yo no quería despertarlo así que le había dado un besito y me iba. Mi jefecita de ese entonces me dijo que pase a almorzar, a la vuelta pase a la sala a buscar unas cosas y ahí estaba mi gordito.
Me senté junto a el sabiendo que sería la última vez que nos veríamos, le toque sus patitas gorditas, lo mire como siempre con mis ojos llenos de amor, lo acaricie y le dije que me iba... se puso a llorar me dijo no, no te va tu voy a hacer pipí ya ? Y ahí sentada a su lado, sintiendo su calorcito me puse a llorar, está despedida era el cierre en mi paso por la Residencia, llore porque mi corazón estaba triste pero agradecida de que ese ser y sus hermanitos de mi salita se cruzaron en mi camino, le volví a desear amor, le volví a desear protección lo abrace, le di las gracias por enseñarme tanto y me fui.
Gracias a la vida porque me despedí de mi guagua hermosa, gracias a la vida porque gracias a mis colegas ETD me pusieron en su libro de vida, gracias a mis ex colegas del jardín por permitirme saber de él mientras hizo la adaptación con su familia y gracias a su Mamá de gordito, por esperarlo, por luchar por el, por tratarlo con todo el amor que se merece mi guagüita.
Gracias mi gordito porque has sido uno de los maestros de mi vida.
Que nunca te falte el fuego, que nunca te falte el amor.
Espero que quienes son parte de alguna residencia, programa o fundación traten con el mismo amor a todos, niños y funcionarios.
Este tipo de trabajos requieren de ayuda y acompañamiento psicológico, se requiere observar al adulto que está a cargo, se requiere respeto por quienes pasan la vida entregando amor a quienes no lo tienen.
Mi admiración profunda a todos quienes hacen esto con amor y respeto por la niñez.
