Aprovechando la vida...
Bueno, les daré primero el contexto para que entiendan a dónde quiero llegar:
El año pasado, me ofrecieron la oportunidad de trabajar en una institución estatal. Todo iba bien, ya que en ese momento no tenía hijos ni pareja. Aproveché la oportunidad para inscribirme en una prestigiosa universidad técnica y estudiar ingeniería en software. Además, unos meses después de comenzar a trabajar, conocí a una encantadora chica extranjera que trabajaba como vendedora en una tienda del centro. Estuvimos juntos durante un tiempo, nos confesamos nuestro amor y planeamos nuestro futuro como pareja. Ella tenía tres hijos, y siempre había deseado ser padre.
También pude ayudar a un amigo con algunos créditos para que pudiera pagar sus cuentas y mejorar la calidad de vida de su familia. Se comportó de manera responsable y cumplió sus compromisos financieros. En resumen, tenía algunas deudas, pero en ese momento podía pagarlas y disfrutaba de una buena situación económica. Contaba con la expectativa de que la institución estatal me retendría y pasaría de ser un reemplazo a un empleado permanente, asegurando así mi estabilidad y futuro.
Sin embargo, todo cambió en marzo de este año cuando mi contrato de reemplazo llegó a su fin, y no se pudo concretar a tiempo mi contratación permanente debido a la famosa burocracia, a pesar de que varios jefes y colegas deseaban que me quedara. Como resultado, tuve que dejar de trabajar en esa institución. No me quedó más remedio que comprar una bicicleta para comenzar a trabajar como repartidor en aplicaciones, esforzándome por pagar las cuotas mensuales de la bicicleta.
Mientras me adaptaba a la forma de trabajar en estas aplicaciones y luchaba por pagar mis deudas y mantener mi línea de crédito, tuve que dejar de pagarlas para atender mis asuntos personales. Además, me atrasé en el pago de la matrícula universitaria. No suelo pedir ayuda a los demás, ya que prefiero mantener mi orgullo y no dar lástima. Dado que vivo en casa de mi madre en una comuna periférica, alquilé una bodega para guardar mi bicicleta y trabajar en el centro de la capital.
Han sido unos meses difíciles para mí, con gastos en transporte, largas distancias para entregar productos, equilibrar el estudio y el trabajo, y las constantes lluvias que han dificultado mi capacidad para generar ingresos. Además, mi bicicleta fue robada después de haberla pagado por completo y haberle realizado ajustes, lo que me hizo perder varios días de trabajo.
En cuanto a mi pareja, lamentablemente la despidieron y le robaron todos sus documentos, incluyendo su cédula y pasaporte. Debido a problemas con su situación migratoria, tuvo que vivir con amigos, ya que no era posible alojarla en casa de mi madre.
Sin embargo, a pesar de todas estas dificultades, estoy viendo el futuro con un poco más de optimismo. Contraté a un abogado para abordar las deudas que he acumulado, ya que no tengo propiedades a mi nombre. También estoy considerando la posibilidad de renegociar mi deuda con la universidad, ya que mi intención es continuar mis estudios. Además, planeo obtener una licencia tipo C para comprar una motocicleta y trabajar como repartidor cerca de mi casa. Esto requerirá comprar una motocicleta de segunda mano, ya que debido a mi historial crediticio dudoso, es poco probable que pueda obtener un crédito para comprar una moto nueva.
Mientras tanto, sigo buscando empleo en mi campo de estudio, ya sea como desarrollador o en soporte técnico. Mi pareja tuvo que mudarse a otra región para resolver sus problemas personales, pero afortunadamente, seguimos en contacto y hablamos sobre nuestro futuro juntos. Ella sabe que me esfuerzo mucho en mis estudios y trabajo, y compartimos la esperanza de construir una vida juntos y formar una familia.
A pesar de todas las dificultades, el trabajo como repartidor ha sido una especie de terapia para mí en estos meses difíciles. Pasar el día en bicicleta (tanto que los pantalones me quedan sueltos por lo flaco que estoy), comer constantemente para mantener mi energía y tratar con los clientes ha sido una experiencia enriquecedora. No lo digo para presumir, pero he recibido calificaciones altas por mi paciencia y atención al detalle. Si no fuera por esta oportunidad, estaría en casa sintiéndome presionado por mi familia para contribuir con los gastos del hogar, mientras busco desesperadamente trabajo. Amo la informática, pero si no encuentro una oportunidad adecuada, estoy dispuesto a reinventarme, algo que he estado haciendo en los últimos meses.
Ahora, estoy a punto de cumplir 39 años, y aunque siento que he desperdiciado parte de mi vida, sé que siempre hay esperanza y oportunidades para mejorar.
