Siempre en la trinchera
Confieso que soy profesora de profesión. Siempre me gustó dar clases, pero al salir de un colegio privado, siempre quise realmente devolver la mano y trabajar en uno vulnerable. Duré 3 años en el sistema. Me gustaba enseñar, pero uno tiene sus límites. Terminé teniendo un problema con un alumno, hijo de un profesor del colegio, y se armó un gran conflicto. El profesor terminó increpándome frente a 20 alumnos, argumentando que yo también podía haber acusado a su hijo. Después, el hijo confesó, pero nunca volví al colegio porque solicité que despidieran a este profesor. Como él pertenecía al sindicato y yo no, lo apoyaron a él.
Ser profesor en Chile es complicado. En esa época, todavía era joven, tenía 27 años. Me casé y le propuse a mi esposo que nos fuéramos a vivir al extranjero por un año. Yo obtuve una visa de trabajo y vacaciones (work and holiday), y él una visa de estudiante, ya que estaba en un momento de transición en su carrera. Lo hicimos y llevamos 6 años viviendo en el extranjero. Estamos a punto de obtener la residencia y tenemos dos hijos menores de 3 años. Él gana aquí lo que jamás podría haber ganado en Chile. Yo estudié otra especialidad en educación para trabajar con niños pequeños, lo que me hace muy feliz. No pasa un día sin que me recuerde que salir de Chile fue lo mejor que pudimos hacer. Intentamos regresar en su momento, pero el destino no lo quiso, y aquí estamos, ambos jóvenes, criando a nuestros hijos, trabajando y ganando bien.
Ser profesor en Chile fue un desgaste emocional, psicológico y físico para mí. Toda mi admiración y apoyo para aquellos que continúan en esa trinchera. Pero también quiero animar a aquellos que sueñan con un horizonte diferente; se puede lograr.
