Le pongo la sal
Hace un tiempo me cambié de casa, más bien de región, un día haciendo aseo me acordé de las palabras de mi abuela que me aconsejaba echar sal de mar al rededor de la casa que uno habita para proteger de gente mal intencionada.
La cosa es que tengo panaderia en mi casa y me he dado cuenta que hay gente que de plano no entra y asumo que no es obligatorio entrar a mi casa o a mi terreno a recibir el pedido. Ese no es el problema, la cosa es que, casi al mes de llegada a esta región conocí a un tipo que me encanta, pero hace unos días me empezó a caer la teja que desde que eché la sal en la casa, el tipo no ha entrado, es más, ni al baño quiere entrar y cuando viene a verme no se queda más de 15 minutos y se quiere ir o me pide ir a su casa y la última vez me dijo que no se sentía cómodo, qué si nos podíamos quedar en el auto hablando, no hablamos nada importante, lo mismo que hubiéramos echo dentro de la casa pero en el auto.
Sólo será coincidencia me digo, a veces pensaba que era por lo humilde de mi cabañita, pero ya me entró el bichito de querer preguntar a secas qué tiene con mi casita o conmigo... SHAN!
