Enredos amorsos en el pueblo
En búsqueda de una nueva experiencia, postulé a un cargo en mi misma empresa pero fuera de Santiago. Siempre me he considerado una mujer muy afortunada. Postulé y quedé. Tomé a mi compañero peludo y partimos.
Este es un pueblo bastante peculiar. Resulta que mi forma de vestir, hablar, pensar y ser en general llama mucho la atención. Entre las mujeres, soy blanco de cahuines e historias dignas de Netflix. Entre los hombres, soy mejor vista, y por aquí va el asunto. Desde los 16 años, mi cuerpo tomó una forma muy bella, y todos dicen que mi rostro es hermoso, lo cual ha sido un pilar fundamental en mi seguridad y amor propio. Me siento muy privilegiada, ya que solo por esa característica siempre he conseguido lo que quiero al estar frente a un hombre.
Llevo más de 10 años titulada de mi magíster, lo cual me ha ayudado mucho en este tiempo. Hablo de tres departamentos que se están pagando solos y además me dejan una entrada buena y fija, un sueldo buenísimo, un auto, y este mes llega el auto de mis sueños que me di el lujo de comprar sin pensar en el precio. Una vida perfecta, viajes, mucho s*xo porque he estado con el hombre que he querido, y jamás ninguno me ha dicho que no. Mi problema viene aquí.
Hace unos meses, por casualidad, entró a mi oficina un hombre guapísimo, con pelo cano, entre cuarenta y cuarenta y cinco años, robusto, alto y moreno. Me flechó en ese mismo instante, y yo a él. Fue explosivo. Ese día intercambiamos nuestros números de WhatsApp, y dos semanas después comenzó a hablarme. Nos juntamos, y a las 5 de la tarde, recién nos besamos. Es un caballero de los que salen en las novelas de amor. Nos juntamos a desayunar, almorzar, a veces un ratito en la tarde y a caminar por la playa. El asunto es que jamás entre nosotros ha pasado nada más que besitos de quinceañeros. Debo confesar que muero por esto último. Me hace sentir insegura, a pesar de ser consciente de mi belleza y sensualidad a flor de piel. Hace unas semanas, quedé sin auto esperando la llegada del otro, a lo cual él muy amablemente se ofreció a ser mi chofer personal cada vez que pudiera. Esto llamó la atención de mis colegas, los cuales me conocen hace poco y no saben mucho de mí. Una persona que trabaja aquí un día, a tono de nada, me dijo: "¿Usted es amiga del tal...?" Con solo esa pregunta, intuí que algo estaba pasando. Le respondí con un "sí" seco y cortante, y seguí en lo que estaba. Comenzaron mis cuestionamientos. Había encontrado conductas extrañas o "red flags" como que nos viéramos tan poco tiempo, siempre encuentros muy cortos, y todo, absolutamente todo, en horario laboral, excepto los fines de semana que hemos salido. En mi mundo sin tiempo, no cabía espacio para darme cuenta.
Hasta que un día me escribió una mujer diciendo que necesitaba hablar de él conmigo. "¿Es tu mino? ¿Es mi pareja, vive conmigo?", fue lo único que me dijo. Le pedí que nos juntáramos. En shock, caminé, lloré, me reí nerviosamente, volví a llorar. Al llegar al sitio donde acordamos vernos, no encontré a nadie. Llamé y no contestó jamás. Esperé una hora, pedí un auto y me fui a mi casa. Le escribí a él, y al rato me contestó como si nada pasara. Le pedí si podía venir a mi casa, y me dijo que estaba muy ocupado, que se rompió una cañería y no podía salir, que si podíamos hablar al día siguiente. "No, " le dije, "es delicado". A los 30 minutos me respondió: "¿Dónde te paso a buscar? ¿Puedes venir a mi casa?" Nunca había entrado, solo había venido a dejarme o a buscarme. Llegó y pasó, muchos halagos por el estilo de mi hogar, miró cuadros, fotos, y me confesó que estaba enamorado de mí. Me abrazó y besó. Pensé en dejar todo así, no quería arruinar tan bello momento con algo que podía ser una muy mala broma de algún conocido.
Me preguntó qué era lo que necesitaba decirle, y dándome a entender que no tenía mucho tiempo, iba a comenzar a decirle lo que había pasado, y me llamó por teléfono ese número que me había dicho todo. "Estoy afuera, " me dijo. Miré por la cámara y efectivamente había una persona ahí. Le dije rápidamente lo que estaba pasando. Su cara cambió de color, y por un segundo pensé que saldría corriendo por la puerta de la cocina. Gritaron su nombre, y que ya había visto el auto. Él abrió sin mirarme. En mi interior no podía creer lo que estaba pasando, solo atiné a sentarme en el respaldo del sofá y observar lo que iba a pasar. Ella le pegó afuera de mi casa, y los golpes sonaban muy fuerte, mezclados con el llanto y la voz quebrada. Entraron, y ella le siguió pegando. Él solo recibía y trataba de esquivar los golpes. No aguanté las lágrimas, y ella me gritaba que por qué lloraba si aquí la afectada era ella. Su mirada lo único que me transmitía era tristeza. Esa mujer estaba destruida, y aquí sé que voy a sonar fría y vanidosa, pero ella es una mujer fea, flaca, insípida, pelo opaco, sin maquillaje. Noté cómo observó mi cuerpo, lo miró a él con cara de aprobación y me sonrió. "¿No sabías de mi existencia?" me preguntó. Solo negué con la cabeza. Lloró y le hizo mil preguntas. Lo único que salió de mi boca hacia él fue: "Por favor, váyanse." Jamás lloré tanto. En un acto muy esquizofrénico de mi parte, le pregunté cómo lo descubrió, y en un acto más esquizofrénico aún, ella se sentó y nos contó que
alguien le hizo un comentario de que había visto mucho a este tipo en tal lugar (haciendo referencia a mi trabajo), y que hacía tiempo había encontrado cosas extrañas, como que ya no almorzaran juntos o que su atención estuviera en cualquier lado menos en ella. Comenzó a revisar su teléfono, encontró fotos de mis desayunos, rutinas de ejercicios, videos enviándonos besitos. Horror. Guardó mi número y le dijo que le había costado mucho enfrentar todo esto, que no sabía cómo hacerlo porque no quiere perderlo. Pero que saliera ese día tan tarde con la excusa de salir a comprar una cerveza, ella sintió un impulso y se decidió a seguirnos. Quería ver con sus propios ojos todo el daño que le estaba haciendo. Esas fueron sus palabras entre llantos y gritos. Estaba destrozada, y yo también.
Cuando les decía que siempre he estado con el hombre que he querido, siempre han sido solteros, a mi saber por lo menos. A lo largo de mi vida amorosa, he sido engañada dos veces, y ha sido una de las cosas más dolorosas que he vivido. Y en ambas ocasiones, eran mujeres mucho más bellas que yo. Pero esto es tan distinto y doloroso. Y esto se lo digo a los hombres, ¿cómo mierda no pensar en lo mal que se siente tu pareja cuando le eres infiel? ¿Cómo chucha no pensar en lo pésimo que se siente una mujer cuando es engañada y además que sea con una mujer espectacular? Eso te mata. Te destruye el autoestima, tu seguridad, amor propio. Todo lo mandas a la mierda y de puro califa. Que es lo peor. Hoy en día no logro superar esa mirada de tener el alma hecha pedazos. Es obvio que él es un maldito. Entre gritos, ella me dijo que no es la primera vez que lo pilla. Y yo por mi parte solo quiero desaparecer. Estoy lejos de mi familia y de mis amigos, y en este pueblo, el único ser humano que me agradaba era él. Sólo quiero volver, perdonar y olvidar.
