La trilogía
Doy clases particulares a niños, especialmente de matemáticas. Es mi pasión y lo adoro, especialmente cuando tengo suficientes alumnos para ganar un sueldo decente. Mientras busco trabajo, me dedico a esto.
Ya he estado haciéndolo durante casi dos décadas y me fascina esta faceta porque amo a los niños y disfruto aún más poder enseñarles.
Gracias a esto, creo un vínculo con ellos, ya que debo analizar sus debilidades y fortalezas, trabajar con eso y lograr que me sigan, jaja. También, para obtener más clases si tienen alguna dificultad.
El punto es que me tocó uno con déficit atencional, parte de la trilogía de sus hermanos (¡son trillizos, si no entendieron), pero su personalidad es la más encantadora. Tiene apenas 10 años y es muy cordial y amoroso. Siempre me recibe con alegría y se esfuerza por entender junto a mí, y lo hemos logrado.
El detalle aquí es que cuando uno va a su casa, te das cuenta del ambiente familiar y demás, a pesar de que entro y salgo como un fantasma, pero es porque sus padres se separaron hace menos de un año. Él es el "gordito" de los trillizos y parece ser muy sensible.
Lo que me pasó hoy me tocó el corazón y me frustré por no poder ayudarlo. Simplemente comenzamos a estudiar y ya lo veía desanimado (típico lunes) y empezó a frustrarse por algo simple. Me di cuenta y le hice las preguntas típicas cuando quedan bloqueados, como si no hubiera entendido. ¿Algo te frustró en eso? Cosas del libro y él se perdió en su mirada. Se quedó quieto sin decir una palabra y le dije: "Estás molesto y no es por el ejercicio". Solo movió la cabeza diciendo que sí y volvió a perderse en su mirada, mientras que sus ojos se pusieron vidriosos y lágrimas corrieron por sus mejillas. Llevo varios meses con él y me acerqué para darle un abrazo porque su tristeza era genuina. "¿Quieres hablar de eso o decirme algo sobre por qué estás así?", le pregunté y asintió con la cabeza.
Me puse a su altura, seguí abrazándolo como pude y no podía entender cómo este niño tan dulce estaba pasando por algo malo. Pero también me recordó que yo a su edad pasé por algo mucho peor, x10, y me sentí así por no tener apoyo familiar ni de nadie. Pero claramente, sus padres se preocupan por él, los hermanos... bueno, igual su nana, tal vez alguien más. Traté de darle un consejo a pesar de no saber qué lo estaba angustiando. "Todo se puede arreglar, excepto la muerte. Si estás triste, díselo a tu papá, es un buen hombre y sé que te escuchará, o a tu mamá. Aunque estén separados, siguen siendo parte de tu vida y harán lo que sea por tu bienestar. Puede que te ayuden. Díselo a tus hermanos, tal vez estén pasando por lo mismo, no sé. O a tu nana, que te quiere mucho. Por último, me tienes a mí y yo te daré aliento en lo que pueda".
Se tranquilizó bastante, le regalé unos chocolates y pudimos continuar la clase como siempre, con un mejor ánimo.
No solo doy clases, si hay algún problema y hay confianza, también brindo consejo respetuoso. Los animo con juegos, trucos y cosas así, y mucho entusiasmo para que puedan aprender. Me sorprende que un niño tan pequeño, rodeado de gente que lo quiere y todo eso, esté pasando por una pena tan grande que no pueda expresar fácilmente.
Son cosas que los que impartimos clases notamos y que los padres no perciben. Si tienen hijos y trabajan mucho, comuníquense y no rompan ese vínculo en el cual sean capaces de contarles todo.
