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Completando la historia

Soy de la confesión #53893. Resulta que el día que me desahogué, no les conté todo. Me trataron horriblemente, me mandaron a callar. Solo pedía apoyo moral. Mis padres fallecieron en un accidente hace 10 años; yo solo tenía 15 años. Me llevaron de Arica a vivir a Coquimbo, donde vivía una tía. No tenía a nadie más. Era eso o que me enviaran al Sename.

Fui madre a los 17 años. Aunque el padre de mi primer hijo me insulta, cumple con su rol de padre. Lo visita y lo lleva a lugares a los que yo jamás podré llevarlo. Tengo un problema y estoy segura de que necesito algún tipo de tratamiento, pero con la psicóloga del Cesfam, que me ve una vez cada dos meses, es imposible.

He buscado trabajo en muchas ocasiones, pero mi hijo mayor solo tiene clases hasta la 1 PM y mi bebé todavía está en lista de espera para un jardín. Como no trabajo, no somos prioridad.

En cuanto al padre de mi hijo menor, él consume drogas y alcohol en exceso, pero ¿qué hago? Si me voy, me quedaría sin dinero, sin techo, sin un plato de comida para mis hijos. Ustedes no ven esta situación, porque están sentados cómodamente en sus hogares, quizás con trabajo, quizás con estudios, cosas a las que yo no pude acceder porque mis padres murieron y no tuve su apoyo ni sus consejos.

Mi tía solo se dedicó a gastar el dinero del seguro de vida de mi madre. Y la poca ayuda que recibo proviene de la familia del padre de mi hijo menor, quien también consume drogas y alcohol. La vida no es color de rosa. Conozco personas con hijos y 30 años que aún viven con sus padres, pero esa no es mi historia.



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