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Cuidando mi integridad

Soy operador, de máquinas automatizadas, CNC, calderas, autoclaves entre otros.

Si hay una cosa que he aprendido con los años, es que existen dos clases de jefes: los que valoran al operador profesional y los que encuentran un inconveniente tener a un operador profesional (y no me refiero al título).

Un operador profesional siempre va a tratar de mejorar los procesos, hacerlos más eficientes, más seguros y de forma más prolija. Por lo tanto, siempre va a estar aportando ideas de mejora, especialmente en lo que respecta a la seguridad. En mi opinión, un buen jefe debería valorar esto (y de hecho, aquellos buenos jefes lo hacen). Pero luego están los otros, los tercocefalos que creen que cuando un operador sugiere o critica de manera constructiva y respetuosa, es un inconveniente. Piensan que las mejoras que uno pueda idear se las llevará a casa y no entienden o no quieren entender que quienes a la larga se benefician son ellos mismos. Un proceso más seguro evita accidentes, así como la interrupción de la producción. Además, un proceso más eficiente siempre se traducirá en mejores y mayores ganancias. ¿Por qué digo esto? Porque hace una semana fui a hacer un trabajo a una empresa. Necesitaban que alguien operara una determinada máquina y yo estoy capacitado para hacerlo. Realicé el trabajo y durante el proceso, comencé a hacerles todas las sugerencias y observaciones sobre el proceso, que estaba por debajo del estándar, que no se cumplían las condiciones mínimas de seguridad y además, que sus métodos (principalmente debido a los recursos invertidos) eran deficientes y poco profesionales. Les expliqué que no se podía garantizar un trabajo profesional si no tenían los instrumentos adecuados para medir correctamente. En resumen, el gerente se enojó y encontró que yo era muy exigente, que era un inconveniente.

Bueno, yo hace años ya aprendí a que no arriesgo mi integridad física ni profesional, por tipos que quieren ganar plata sin invertir para garantizar un trabajo seguro y de calidad.



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