La soberbia es una mala compañera
Hola a todas las personas que sigue esta página, bordeo los 50 años, tengo hijos adolescentes, y sí, mi confesión es laboral. Leí hace poco una confesión muy soberbia sobre la vida asegurada y eso me motivó a escribir.
Estudié contabilidad y auditoría, trabajando de día y estudiando de noche para pagarlo. Por ser mujer, fui mal remunerada siempre. Aún hoy ofrecen rentas muy bajas. Así que opté hace años por independizarme. Tuve mi oficina contable y un negocio rentable. Como sé administrar, me iba bien. Pero llegó una crisis económica y se fueron los dos negocios a pique. Tuve que buscar pega y, obvio, conformarme con ganar menos acorde al mercado.
Con el tiempo, sufrí hostigamiento laboral. Luego de 3 años trabajando, quedé embarazada y no les gustó. Siempre hacían eso en esa empresa con las mujeres embarazadas. Pero yo sabía de leyes, denuncié por hostigamiento laboral. Una ley laboral recién estrenada. Llegaron al siguiente día. Me quedaba un año de fuero y trabajaba en una empresa que prestaba servicios al estado. Por ende, no pueden tener juicios laborales. Cosa que yo también sabía. Por ende, denuncié. Llegaron y en la negociación les dije: quiero que me paguen todo el fuero, indemnización y vacaciones o nos vamos a juicio. Les otorgo el pago en tres cuotas. Y así fue. Pagaron por todo el daño ocasionado.
Con eso, me reinventé. Estaba casada y mi ex sabía reparar computadoras. Así que pusimos un servicio técnico. Tuve 11 trabajadores. Una empresa exitosa por años. Y llegó la crisis familiar que me derrumbó emocionalmente: una infidelidad. Perdimos la empresa otra vez. Busqué pega otra vez, empezando de cero, separada y con críos al hombro.
Seguí adelante. Luego la PYME en la que trabajaba era medio chanta. No pagaban todos los impuestos ni las cotizaciones. Me culparon cuando yo no pagaba eso. Pero los dejé hablar, pues si yo me hubiese robado algo, no me habrían pagado finiquito. Me pagaron toda la indemnización. Yo sabía que era un espectáculo para engañar a los demás que también los querían echar, pero sin pago. Con esa plata, dije: me tomaré un mes de vacaciones para relajarme de ese estrés y volveré a ser independiente. Era el año 2017. Comencé a hacer publicidad en Facebook. Pensé que demoraría un tiempo y planeaba promocionarme durante ese mes. Pero en la primera semana ya tenía 10 clientes. En resumen, en 3 meses tenía casi 40 clientes. Dejé de promocionar. Todo estaba perfecto con una renta cómoda nuevamente. Y luego llegó el estallido. Evalué a mis clientes y no les afectó. Luego vino la pandemia, algo que sabía que nos afectaría a todos. Así que puse otro negocio antes de perder clientes. No podría buscar pega con la pandemia. Puse una heladería y cafetería. Comencé amasando y repartiendo, todo a pulso. Y bueno, lo legal, por fortuna, sé hacerlo. Pronto la contabilidad bajó y sigue bajando aún hoy. Mi negocio que crecía y crecía también ha bajado este año.
Voy con esto a que nada nunca está asegurado. Bromeo con mis tiempos de 'rica y famosa', pero sé que uno puede estar arriba y luego abajo. Hoy la guerra sigue perjudicando la estabilidad financiera de los países más débiles. Se bajó el nivel de pobreza en Chile y también la inflación. Sé que pronto sentiremos que todo empieza a mejorar. Pero hoy no me queda más que resistir. Cuento esto porque nunca debemos dar algo por sentado. Todo escenario puede cambiar. La vida nos puede sorprender para bien o mal. No contaba con pandemia y guerra. Nadie lo imaginó, pero ha sido caótico. Luego de sentirme viviendo con mi vida resuelta. Por eso debemos ser humildes y nunca jactarnos de lo que tenemos o somos, porque no sabemos qué ocurrirá mañana.
Mil éxitos a todas y todos, y sean por sobre todo felices, la plata va y viene.
