Un antiguo amor
Cuando tenía 13 años, conocí a un amigo de mi hermana. Él tenía una discapacidad que no le permitía tener movilidad en sus piernas, así que usaba silla de ruedas. La verdad, nada de eso me importaba; yo lo encontraba muy bonito y era uno de los pocos chicos que se portaba bien conmigo, mostrándome amabilidad y simpatía (tomemos en cuenta el bullying que recibía en el colegio por ser la chica fea). Sus papás tenían un local de comida rápida que atendían los fines de semana y yo siempre le pedía a mis papás que fuéramos a comprarles (obviamente como excusa para verlo). Siempre nos saludábamos y hablábamos mucho. Yo sentía que estaba enamorada de él, pero jamás se lo dije debido a mi inseguridad por no ser bonita. Con el tiempo, nos hicimos amigos, pero él y sus padres se fueron a vivir al norte cuando su padre recibió una muy buena oferta de trabajo allá. Él se despidió de mí y dijo que en algún momento volvería y me buscaría porque yo era una de sus mejores amigas. Pasó el tiempo y jamás volvió, nunca supe más de él. Con el paso de los años, mi familia y yo nos vinimos a vivir a Santiago porque mi papá compró una casa aquí.
El caso es que hace unos meses, entré a trabajar como secretaria y mi gran sorpresa fue que el jefe de personal es aquel chico que fue mi amor de adolescencia. Cuando me vio, se sorprendió igual que yo. Nos abrazamos y yo me puse muy feliz al ver que ahora al menos puede caminar usando sus muletas, ya que un día me contó lo triste que se sentía al no poder caminar.
Bueno, han pasado los meses y pasamos mucho tiempo juntos, ya que trabajo directamente con él casi todo el día. Cada vez me siento más atraída por él; sigue siendo la misma persona cordial, caballerosa, alegre y linda que conocí hace tantos años. Me di cuenta de que seguía enamorada de él, a pesar de los años en que no nos vimos. Soy soltera y aunque ahora soy atractiva para el género masculino, no me ha ido bien en el amor, así que hace años que no tengo pareja; en cambio, él ahora es casado y tiene 2 hijos.
Llegó el día de mi cumpleaños y como los viernes salimos temprano, él me invitó a una cafetería porque un día le dije que me gustaba el café helado. Fue una hermosa tarde juntos y yo me sentía en las nubes a su lado. Cuando salimos, me ofreció llevarme a casa en su auto y yo acepté, pero antes de que abriera la puerta, lo tomé por sorpresa y lo besé. Sé que estuvo mal, pero no me resistí. Él lentamente me apartó y me dijo que no volviera a hacer eso (tenía razón, porque estuvo mal). Yo le confesé que lo amo desde que lo conocí a los 13 años y que me di cuenta de que lo sigo amando ahora. Él me dijo que yo también le gustaba, incluso ahora (también dijo que jamás me lo confesó por inseguridad), pero que estaba casado y elegiría a su familia. Le dije que mejor me iría en metro a mi casa porque no aguantaba las ganas de llorar. No lo culpo por su decisión, pero siento rabia conmigo misma por no haberle dicho cuando pude lo que sentía por él; quizás las cosas serían diferentes.
Las cosas se volvieron incómodas en el trabajo. Él sigue siendo cordial conmigo, pero la tensión que hay cuando estamos cerca es insoportable, y creo que lo mejor es renunciar, ya que me duele mucho tenerlo cerca y ver cómo es feliz con su familia. Sin embargo, hay un pequeñito espacio dentro de mí que se alegra porque él sea feliz con su vida, y no quiero quitarle eso.
Esto más que nada es un desahogo, ya que no tengo muchos amigos para hablar.
Por ahora, solo quiero dejar de amarlo. Siento que tengo al amor de mi vida aquí, pero es prohibido. Ya no sé qué hacer con lo que siento, pero como máximo, esta semana renunciaré.
