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La cicatriz

Soy trabajadora activa, con una diferencia notable en mi rostro.

Nací con labio leporino y mi vida ha sido una burla desde siempre, en este mundo laboral, ha sido peor que en el colegio.

Tuve una infancia hermosa, crecí en el campo, aunque recuerdo que vivíamos en la ciudad. Mis papás compraron una parcela fuera de Santiago y cuando tenía como 8 años nos fuimos. Crecí feliz en escuelita rural, con compañeros que nos molestábamos todos entre todos, pero siempre inocentemente. Era común para ellos que yo faltara debido a operaciones, y me recibían con amor. Siempre acompañados y rodeados de familia. Con el paso de los años, me di cuenta de que me tenían en una burbuja que se reventó de golpe.

Llegué a un liceo en la región metropolitana donde desde el día que me presentaron en clases vi las caras de asco, burla, risas y susurros. Estará de más decir que nadie me hablaba, nadie me saludaba, nadie se sentaba cerca mío, pero si me miraban y se reían bastante. Comencé con crisis, llantos, dolor y me cuestionaba bastante el por qué todos me odiaban y trataban mal si yo jamás les hice nada. Al pasar por el baño, me tiraban agua, siempre sin querer, obviamente (claro). Me dejaban fuera de muchas cosas los profesores, porque no debía notarme, ya que la idea era que se vieran los bailes, no que la gente se fijara en mi cara. Siempre que se perdía algo, era algo mío. Siempre que se estaban burlando de algo, era de mí. Jamás hice un trabajo en equipo, todo fue sola, siempre sola...

Recuerdo que mis papás con mucho esfuerzo me compraron un teléfono celular, un celular 5200 Nokia. Y un día me llegó una solicitud de vinculación de Bluetooth, la acepté y me enviaron un archivo. Era una foto mía editada con un p3n3 justo en mi fisura. Me sentía humillada e inerte de dolor, creo que mi cara jamás lo disimuló. Me llegaban SMS con mensajes horribles, creo que lo más suave que me escribieron fue: "fea de mierda".

En tercero medio llegó la ISI, una cabra flaites y fuera de control. En su primera semana se peleó con 2 compañeras que eran quienes "la llevaban" en el curso, hasta que un día me puso atención. Me estaba comiendo una naranja, casi escondida en el recreo, alejada del mundo y aún así, había unos cuantos tirándome cáscaras haciéndose los desentendidos. En mi costumbre de aquello, no me movía ni me daba vuelta, pero sí lo sufría. Llegó la ISI, les mandó senda para de carros, un charchazo a uno y una pelea se desató. Ella a inspectoría y yo también (sin haber hecho nada). En mi insistencia de no generar ruido ni atención, dije que no pasaba nada y ella empezó a gritar que era injusto, que me estaban "weando" y que ella no lo iba a permitir, que si se metían conmigo se metían con ella. Ella tuvo suspensión de 3 días y yo de 1. Mis papás no lo podían creer, jamás les había contado nada ya que ellos dejaron todo por mis tratamientos y yo no quería que ellos se sintieran mal.

Desde ahí comenzó una amistad, la más linda que he tenido. Ella me cuidaba, defendía y me comenzó a dar la seguridad de ir al casino a comer, cosa que antes no hacía. Comencé a participar en cosas del colegio y a integrarme a los bailes. Me fue a ver al hospital en mi última operación y siempre me hacía reír mucho. Salíamos juntas a comprar y a hacer cosas que jamás en la vida me imaginé que haría alguna vez. La ISI creció en una familia llena de falta de amor y comprensión, con una violencia intrafamiliar desmedida, y mi mamá se convirtió en la mamá que eligió, ya que su mamá la abandonó a los 10 años debido a que se enamoró. Mis papás la amaron desde que ella puso el pecho por mí. Le compraban sus cosas del colegio y la incluían en nuestros paseos familiares. Y así, cada una se eligió como hermana de vida.

Con mi última cirugía en mi cara, solo quedó una cicatriz no muy grande, casi invisible, pero aún así la gente se las arregla para saber de qué se trata. Me gustaba un cabro... mucho, mucho, mucho, y la ISI comenzó a hacer de Cupido. Actualmente llevo 8 años de mucho amor con él, y con la ISI aún en mi vida. Es que ella fue el pilar para que yo pudiera estabilizarme en la vida, ella fue el mejor pilar que pude tener aparte de mis papás, ya que sin ella no me habría atrevido a salir al mundo, ir a fiestas, sentirme linda, arreglarme y mucho menos ponerme labial. Siempre me compraba alguno que ella considerara que fuera bonito. Debo decir que la amo profundamente, que es algo en mi vida que jamás deseo perder. Hoy en día soy una mujer profesional y trabajo, pero siempre denoto las miradas, las mismas que pusieron mis compañeros la primera vez que me vieron. No los odio, ya los perdoné, pero cuando llegan donde trabajo y me salen con un "aaaaaay, ¿cómo estás? ya ni se te nota", seguido de una petición de ayuda, me lo cuestiono, les contesto como a todo el mundo. Pero ellos piensan que por haber sido mis compañeros de colegio, yo simplemente voy a correr por ellos y saben que NO PASA NADA.

PERDONÉ, PERO NO OLVIDÉ.



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