La vida asegurada
En respuesta a la segunda publicación del amigo guardia, vengo a contar mi historia. Soy educadora de párvulos, de buena familia, que me dio la espalda cuando en medio de mi carrera me embaracé y me convertí en mamá soltera, para horror de mi familia. Mi papá es empresario, tengo una hermana doctora y otra abogada, y mi mamá siempre fue mantenida, nunca trabajó un día en su vida y pasaba tomando tecitos con sus amigas... la titi, la Pupi, la Nené, puras viejas estiradas cuyos nombres nunca supe.
Me fui a vivir a una pieza y empecé a trabajar en comida rápida. Mi hija asistía a un jardín público. ¡Fue durísimo! Nunca volví a tener contacto con mi familia. Terminé de estudiar, conocí a un hombre y formamos nuestra propia familia. Siempre trabajé en jardines privados. Luego llegó la pandemia y ambos nos quedamos sin trabajo. Fue una crisis horrible. Trabajamos en una imprenta, yo armando cajas y él cargando su camioneta, saliendo a repetir para ganarnos 20 lucas a la semana. Teníamos que hacer lo necesario para poner comida en la mesa.
Vendimos en la calle, aprendí a hacer pan amasado y dobladitas, y las vendía en el condominio. Fue muy duro. Mi pareja tenía antes de la pandemia un trabajo menos remunerado que el mío. Durante la pandemia aprendimos a vivir con poco, así que él decidió estudiar leyes, que siempre había sido su sueño. Mis hijas entendieron que hay que apretarse el cinturón. ¡Cuesta mucho!
Volvimos a trabajar y ahora estoy en jardines públicos, donde, al igual que tú, paso un frío horrible porque nos controlan hasta el gas que usamos. Tenemos que usar guatero y abrigarnos. Hoy miro a mi alrededor, paso por la calle donde solía vender y se me caen las lágrimas, pero luego digo: "No, debería sentirme orgullosa". Mi familia nunca sintió orgullo por mí, pero yo sí tengo que estar orgullosa de mí, de mi pareja y de mis hijas, que han estado ahí para mí.
Nadie tiene la vida asegurada por haber nacido "allá arriba" o tener un buen apellido. En la imprenta me miraban y me decían: "Usted es cuica, tiene un buen apellido, es rubiecita y tiene ojitos de piscina. ¿Qué hace aquí?" Así que, amigo guardia, sigue adelante, ¡por ti! No por una mujer. Te deseo lo mejor en la vida. Ojalá que mis hijas conozcan en el futuro a un hombre luchador, que cuando las cosas se pongan difíciles, sea capaz de hacer lo que sea por su familia. Les deseo toda la suerte del mundo.
