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Always on My Mind

El sonido de la lluvia contra la ventana me sacó de mis pensamientos. Siempre me gustó el sonido de la lluvia, era una especie de terapia auditiva, aunque ahora solo traía ecos de soledad.

Por años, fui esclavo de mi trabajo. Siempre pensé que el éxito profesional era la clave de la felicidad, pero nunca pensé en el precio que tendría que pagar. El living de mi depa está lleno de premios y reconocimientos, un testimonio silencioso de todo lo que había logrado. Pero, al final del día, esos 'adornos' no me dan la calidez que Marianne me daba.

Marianne, la mina con ojos de café y una sonrisa que podría encender incluso el día más fome. Su amor era mi refugio, mi hogar. Pero, estuve tan ocupado construyendo mi carrera que no me di cuenta de cómo la estaba alejando.

Cada junta perdida, cada once cancelada, cada 'te quiero' no dicho, fue alejándola un poco más de mí. El día que se fue, sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero su voz fue firme: 'Te mereces el éxito que tanto has trabajado pero también merezco alguien que pueda darme tiempo y amor. No podemos seguir así'.

Ella tenía razón. Siempre estuvo en mi mente, incluso cuando estaba sumergido en informes y correos electrónicos. Pero no era suficiente. El amor no se mide en pensamientos, se mide en tiempo, en atención, en compromiso. Y yo fallé en todo eso.

Ahora, cada rincón de esta ciudad grita su nombre. Cada café que pasamos juntos, cada calle que caminamos juntos, cada canción que cantamos juntos. Y en medio de toda esta soledad, hay una melodía que toca mi corazón más que cualquier otra, 'Always on My Mind' de Elvis. Cada vez que la escucho, me recuerda a Marianne, a su amor, a sus risas y a la vida que podríamos haber tenido juntos.

Mi mundo se ha reducido a un depa silencioso y a la triste melodía de Elvis. Todo lo que me queda de Marianne son recuerdos y la dura verdad de que siempre estuvo en mi mente, pero nunca lo suficiente en mi vida. Aunque ya es demasiado tarde para enmendar mis errores, lo único que puedo hacer ahora es aprender de ellos y esperar que, donde quiera que esté, sea más feliz de lo que yo pude hacerla.



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