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El contrato

Siempre fui una chica con unos kilos extras, nunca me faltó nada, pero mi vida era una constante lucha conmigo misma. Me costaba mucho esfuerzo hacer las cosas, especialmente las que tenían que ver con la salud y la disciplina. Y cada vez que me miraba al espejo, me decía: 'Pilar, tienes que hacer algo'.

Un día, encontré una historia en internet sobre Ulises y su contrato consigo mismo para resistir el canto de las sirenas. Y ahí, me dije: 'Esto es lo que necesito'.

Así que, ni corta ni perezosa, me fui al gimnasio más cercano y contraté a un entrenador personal. Le conté todo sobre el contrato de Ulises. Al principio me miró raro, pero luego asintió y prometió no dejarme tirar la toalla, por más que me quejara. Y créeme, ¡me quejé bastante! Pero, poco a poco, empecé a notar los cambios. Bajé de peso y, lo más importante, empecé a sentirme más fuerte y llena de energía.

Pero no me quedé solo en el físico. También quería avanzar en el trabajo. Así que me metí en varios cursos para mejorar mis habilidades. Le pedí a mi amiga Camila que me ayudara a mantener el ritmo, que me recordara mis compromisos y que no me dejara echar pie atrás. Porque sabía que si no me cuidaba, me iba a relajar.

No les voy a mentir, costó caleta. Hubo momentos en que quise rendirme, pero cada vez que superaba un obstáculo, me sentía más fuerte, más capaz. Y con el tiempo, las cosas empezaron a cambiar.

Al año, la Pilar que veía en el espejo era otra. Había bajado de peso, me sentía en forma y la energía que tenía ahora se notaba en todos lados. En el trabajo, me dieron un ascenso y me pusieron a cargo de un equipo. Ahora, cada día es un desafío que me motiva a dar lo mejor de mí.

Por eso les digo, el contrato de Ulises es la raja. Me ayudó a enfrentar mis debilidades y a alcanzar las metas que me propuse. Si yo pude, tú también puedes. Solo necesitas dedicación, un poco de fuerza de voluntad y alguien que te recuerde tus compromisos. ¡Ánimo, que se puede!



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